Arcade Fire prende fuego a la noche de Madrid con un concierto inolvidable


La banda canadiense de rock Arcade Fire presentando su último disco, ‘Everything Now’, durante un concierto.
Juanjo Martín / EFE


Ocho años después de su última visita en pleno apogeo de su carrera gracias a The suburbs, cuando aún no cabía un “pero” a sus evoluciones musicales, Arcade Fire volvió este martes a la capital española para demostrar que mantiene su pegada con un directo apabullante por puntos que ha culminado a pie de calle.

Win Butler y Régine Chassagne, junto con el resto de esta multitudinaria banda canadiense, han reconquistado así el espacio de su última incursión en la ciudad, el Palacio de los Deportes, ahora rebautizado como WiZink Center, aunque con una entrada algo más floja de 13.000 espectadores según cifras de la organización, nada visible por otra parte en un lleno aparente.

A ello probablemente habrá contribuido que su último y quinto disco de estudio, Everything now (2017), ha sido el más controvertido de sus trabajos, tanto por la crítica como por el público, a pesar de que gracias a él volvieron a alcanzar el número 1 en ventas y se colaron en las nominaciones de los últimos Grammy.

Fuera por ello o por una decisión creativa absolutamente personal, lo cierto es que su última gira apenas incide en este álbum más allá del título, Infinite Content Tour, con apenas cuatro cortes extraídos del mismo en las aproximadamente dos decenas de temas que suenan en su concierto de dos horas.

En la suma total, el saldo le vuelve a salir beneficioso a Arcade Fire, que no ha perdido su toque mágico para el directo, con esos giros, idas y venidas de instrumentos entre sus integrantes, y una colección de éxitos en la que no se olvidan imprescindibles como “Rebellion (Lies)”, “No cars no go”, “Ready to start” o el consabido pero no por ello menos colosal remate con “Wake up”.

La cita se presagiaba inolvidable desde los inicios, pasadas las 21,20h de la noche con Everything now, primer sencillo del disco homónimo, en medio de un escenario central con forma de ring que ha permitido que los nueve miembros del grupo repartieran sus mejores ganchos en todas direcciones.

Butler y sus casi dos metros de alto no han dejado de moverse de un lado a otro mientras sonaba Rebellion (lies) y al hipnótico xilófono de Here comes the night time y sus sacudidas finales le ha tomado el relevo No cars no go en medio de la primera ovación de la noche. El líder de la banda fue uno de los protagonistas por su entrega a los fans, entre los que cantó a pie de pista en un par de ocasiones.

“¡Enseñadnos a bailar!”, han pedido antes de entonar Electric blue y Put your money on me, dos de las nuevas, que han sonado elegantes en su concepción más electrónica, lo que no ha impedido una pequeña estampida hacia las barras y aseos en ese momento.

El disco Neon Bible ha tomado entonces cuerpo a través del corte homónimo y de una gran My body is a cage, en la que un bonito juego de luces entrecruzadas han trazado la jaula del título de la canción, como fondo a una intensidad musical creciente que ha acabado en arrebato casi religioso.

Reivindicaciones políticas

Sé que no es el mejor tiempo políticamente hablando“, ha señalado Butler en un mensaje que ha extendido de EE UU a España: “en USA y en España podemos hacerlo mejor”, afirmaba antes de confiarse a la esperanza y jovialidad rocanrolera de Keep the car running, línea que han mantenido con la épica colectiva de Neighbourhood #1 (Tunnels).

Más allá de la música, eficaz aunque en este maremagnum se hayan perdido los matices de sus muchos instrumentos, ha destacado especialmente una esmerada escenografía con proyecciones e interacciones lumínicas que realzan cada paisaje musical.

Eso se palpa especialmente cuando, en medio de una ovación general, ahondan en el galardonado The suburbs para tocar el corte que le da nombre, o Ready to start y Sprawl II, etéreo tras la voz de Chassagne y cientos de haces de luz reflejados por dos enormes bolas de discoteca, en uno de los momentos más bellos de la velada.

Menos conplacientes y con una electrónica más disruptiva, entre destellos de Bowie, se han mostrado en el siguiente bloque, centrado en Reflektor, en el que la banda ha aprovechado para darse un baño de masas y volar hacia el tramo final, anticipado por la inquietante Creature Comfort y por Neighbourhood #3 (Power Out).

Más conscientes por tanto de sus fortalezas y la eficiencia de los recursos escénicos que hace 8 años, Arcade Fire se ha ido de Madrid con una victoria por “k.o.”, no por un único golpe directo y abrumador, sino por acumulación de virtudes que han rematado con ese gancho de izquierdas y metales llamado Wake up, tras el que la banda ha acabado tocando en el exterior mismo del WiZink.



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