“¿Entrevistas de trabajo? No he tenido ni una desde que me quedé en paro hace dos años”


Pedro Pérez, sevillano de 59 años que lleva más de dos años desempleado.
P. GARCÍA


Cuando Pedro Pérez echa la vista atrás a su historia laboral, solo ve un camino de esfuerzo y de trabajo constante. Curso una rama de formación profesional en los años setenta, comenzó a trabajar con 19 años en un almacén y una década después montó un supermercado con dos socios que le ocupó otros treinta años.

Solo entonces, tras cuarenta años de esfuerzo, este trabajador sevillano se vio por primera vez en el paro. La cadena Mercadona abrió un supermercado cerca de su tienda y vio como el negocio caía, las pérdidas se acumulaban y el cierre se hacía inevitable. En septiembre de 2015 tuvo que bajar la persiana.

Fue entonces, con 59 años, cuando tuvo que salir a la calle a buscar un empleo. Y se topó con la realidad del mercado laboral en España: los empresarios no quieren trabajadores mayores de 55 años, como afirma el informe de Adecco publicado este martes que sostiene que el 52% de los currículos de profesionales mayores de 55 años son descartados de forma automática.

“¿Que si me ha ido bien en las entrevistas? No he tenido ni una desde que me quedé en paro, así que ni bien ni mal”, comenta a 20minutos un resignado Pedro. “Entiendo que la edad es el principal escollo, en algunos lugares donde he solicitado trabajo no fichan a nadie que tenga más de 34 años”, comenta con fastidio.

Pedro no es una especialista en videojuegos ni en realidad virtual ni en redes sociales ni en ninguno de esos trabajos que suelen identificarse con los jóvenes. Él es especialista en comercio y a lo largo de su vida, recuerda, ha evolucionado desde la simple descarga de mercancías, a tareas más complicadas como la recepción de stock, la reubicación en almacén, la preparación de pedidos, la gestión de caja y punto de venta. “He tocado todos los palos de este gremio”, presume.

Pero nada de eso lo vale para encontrar empleo. Lleva ya dos años de búsqueda infructuosa y eso uno de esos números que engrosa la lista de parados de larga duración en España, esa que todos los organismos internacionales exigen a España a reducir de forma urgente porque son millón y medio de personas: casi la mitad de los parados del país. 

“Intenté moverme al principio entre la gene que conocía por mi profesión, pero me daban largas. Luego lo intenté en empresas fuertes que tienen más rotación de entrada y salida de personal. Tampoco. La verdad es que antes ibas a un sitio a entregar el currículum y así te presentabas al encargado, te conocía y charlabas con él. Ahora te dicen que envíes un correo”, lamenta Pedro. Al ser mayor de 55 años, como explica Adecco, ese correo tiene mucha probabilidad de ir a la basura.

Pedro lleva dos años y medio en blanco. Y esto no solo le afecta de forma psicológica (“te hunde la moral”, admite) sino que la economía familiar se resiente. Su mujer tiene una enfermedad que le impide trabajar y Pedro ya no disfruta de prestación contributiva por haber agotado su duración, como le sucede al 43,7% de los parados en España.

Ahora solo ingresa 430 euros de la renta de inserción, el único dinero que entra en casa. El Estado le garantiza que le aguantará hasta jubilarse. Pero he aquí el problema: si Pedro no cotiza en los últimos años de vida activa, su pensión mermará pese a pasarse la vida trabajando. “Es triste que después de 40 años cotizados me digan que me rebajarán un 30% la jubilación; el paro no solo me fastidia mi vida ahora, ¡si no cotizo pronto me arruinarán la pensión!”

Pedro no desespera. Dice que sigue echando currículos a diario en todas las ofertas que salen. Las consulta por Internet. Las mira en la oficina pública de empleo. Ha cursado un bloque integrado de logística para certificar oficialmente sus conocimientos de logística, de almacén, de manejo de carretilla elevadora, de preparación de pedidos. Pero aún no hay suerte.

El estudio de Adecco dice que el 65% de los reclutadores no quieren mezclar a gente mayor en plantillas jóvenes. Pedro quiere creer lo que escucha. “He trabajado con personas jóvenes y menos jóvenes y no he tenido problemas de integración con nadie. Conozco cómo funciona el negocio y mi mayor activo es mi voluntad de trabajo y las ganas de hacer bien las cosas, mientras que algunos jóvenes, la verdad, muchas veces piensan más en la hora que van a salir del trabajo”.



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