Así fue el último gesto de El Chapo a su mujer antes de ir para siempre a la cárcel. Y así le respondió Emma Coronel


Poco después de mediodía, un secretario judicial salió de una sala y un periodista le leyó los labios para averiguar que había al fin veredicto. Tras seis días de deliberaciones, cuando la defensa podía empezar a soñar con que uno o varios de los jurados bloquearan la decisión y el juicio, que había durado casi tres meses, fuera declarado nulo, al fin parecía haber unanimidad.

La suerte de Joaquín Guzmán, apodado El Chapo porque apenas medía cinco pies y cinco pulgadas, considerado el enemigo número uno de Estados Unidos y México como capo durante décadas del cartel de narcotráfico de Sinaloa, el peor de los peores, la suerte de Joaquín Guzmán, para bien o para mal, estaba echada.

A las 12:25, según relata el equipo de reporteros de Noticias Telemundo (que durante semanas aguantó el frío y la lluvia, de madrugada o a última hora de la tarde, para llevarle a su hogar la palabra de los protagonistas), el juez federal Brian Cogan entró en la sala, todo el mundo en pie. Poco después, era llevado ante su presencia El Chapo, que entró saludando con pases de la mano.

Durante el juicio, Guzmán estuvo “muy tranquilo”, según relató su esposa, Emma Coronel, en una entrevista exclusiva con Noticias Telemundo. “Hay que ser sinceros, yo sí creo que le gusta un poco” la fama, añadió, y le gusta que su juicio concite tanta atención para que se “vea lo que realmente pasa y todo esté claro”, para “que todo el mundo se dé cuenta y vea realmente cómo son las cosas”.

Coronel, a quien durante el juicio se vinculó a las actividades delictivas de su marido aunque ella en aquella entrevista negó haber visto nunca nada extraño en casa, se decía también “tranquila”, y soñaba con una sentencia que permitiera al matrimonio “vivir como siempre normal, una vida normal como cualquier persona, hacer las cosas como siempre, como cualquier persona”.

El jurado, sin embargo, dictaminó que El Chapo no era una persona normal: entre enero de 1989 y diciembre de 2014, había liderado operaciones para introducir 130 toneladas de cocaína y heroína en Estados Unidos, además de armas pesadas de guerra; había usado sicarios para cometer cientos de actos de violencia en México; e incluso había golpeado, asesinado y quemado los cuerpos de dos personas, según un testigo, o había enterrado vivo a otro. Además, había lavado millones de dólares, y había sobornado a oficiales mexicanos, según denuncias escuchadas en el juicio hasta llegar a un ex presidente del Gobierno.

“Tranquilos” como estaban durante el juicio, han escuchado el veredicto Guzmán y su esposa (que tuvo que soportar en directo los relatos sobre infidelidades múltiples de su marido o cómo la espiaba el teléfono celular). Tranquilo, sin un gesto, mirando fijamente al jurado, ha escuchado el narcotraficante cómo el juez leía las ocho páginas en las que el jurado había respondido a las 56 preguntas que iban a decidir su destino. No hubo aspavientos ni drama según iban cayendo los cargos, de uno en uno hasta 10, que el próximo 25 de junio, cuando el juez dicte la pena, le condenarán con toda probabilidad a pasar el resto de su vida en una prisión de máxima seguridad.

Con 61 años cumplidos, El Chapo vivirá en una celda de aislamiento, sin contacto con el mundo exterior ni con sus compañeros de cárcel en Colorado, entre terroristas pero sin ver una sola cara durante 23 de las 24 horas del día.

Antes de ser sacado de la corte, Guzmán le hizo un gesto leve a su mujer, se inclinó antes para llamarle la atención y levantó después los dos pulgares hacia arriba.

Ella había declarado en diciembre, antes de saber oficialmente que su marido la engañaba al parecer con otras, antes de saber oficialmente que su marido era un narcotraficante y un asesino en serie despiadado y cruel, antes de saber que con toda probabilidad pasará el resto de su vida en un agujero lejos de la tierra que le vio nacer, ella había declarado a Noticias Telemundo: “Estoy feliz de la vida que tengo, la vida que me tocó, del esposo que tengo, de las hijas que tengo, de la familia que tengo”.

Según el dibujo del ilustrador del juicio (no se permitían fotografías), la respuesta de Coronel al gesto fue un pulgar hacia arriba. 



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