Biden le disputa a Trump el nacionalismo económico | Internacional


Joe Biden, durante su discurso sobre economía en Pensilvania, este jueves.
Joe Biden, durante su discurso sobre economía en Pensilvania, este jueves.TIMOTHY A. CLARY / AFP

El debate económico de las elecciones de noviembre en Estados Unidos será alrededor de una idea: la reconstrucción. Para el candidato demócrata, Joe Biden, esa reconstrucción de la economía norteamericana pasa por un masivo programa de inversión pública y un enfoque nacionalista de la producción y el consumo alrededor de la idea de comprar americano. Biden deja claro con su plan que la derrota de Donald Trump no supondrá una vuelta a la cooperación, las fronteras abiertas o los grandes acuerdos comerciales de la era Obama. La nueva normalidad económica es nacionalista, gane quien gane.

En números, Biden propone por el momento una inversión de 300.000 millones de dólares en investigación y tecnología, como el desarrollo de la red 5G o vehículos eléctricos. Aparte, 400.000 millones más en ayudas para comprar productos fabricados en Estados Unidos. Hasta el momento, Biden ha propuesto una reforma fiscal que aumentaría la recaudación en casi cuatro billones de dólares y prácticamente desmonta las rebajas fiscales aprobadas por Trump y los republicanos, que beneficiaron sobre todo a grandes fortunas y empresas. El programa asegura que Biden podría crear cinco millones de empleos en manufacturas e innovación.

El lenguaje que emplea la campaña demócrata en su programa traslada inmediatamente esa idea patriótica. Biden “va a movilizar el talento, el coraje y la innovación del pueblo americano y todo el poder del Gobierno federal para reafirmar la fuerza industrial y tecnológica de Estados Unidos y asegurarse de que el futuro es hecho en América por trabajadores americanos”, reza el texto. “Las fábricas de Estados Unidos fueron el arsenal de la democracia en la Segunda Guerra Mundial y deben ser parte del arsenal de la prosperidad de Estados Unidos hoy, y ayudar a la recuperación económica de las familias trabajadoras”.

La referencia a los años 40 no es solo retórica. Verdaderamente, la repentina pandemia de la covid-19 ha hecho que Estados Unidos y el mundo se enfrenten a un futuro económico a corto plazo en el que la comparación con la Gran Depresión se podría llegar a quedar corta. No hay números que sirvan de referencia en términos de destrucción de empleo y cese de actividad económica. El país no ha vivido una situación igual. Estas ya no son unas elecciones sobre el futuro, sino sobre enderezar el barco. El título del programa de Biden es Reconstruir mejor.

Aparte de la filosofía general, hay argumentos muy inmediatos para proponer cierto nacionalismo económico. Todos los países occidentales han visto como sus sistemas de salud se encontraban de un día para otro sin equipos de protección personal y material básico para tratar la avalancha sanitaria de la covid-19. La dependencia de China para este tipo de productos se ha hecho evidente. La campaña de Trump menciona expresamente que el plan está diseñado para reducir la dependencia de Estados Unidos del exterior en la producción de material médico. Uno de los ángulos de la campaña es criticar la gestión del presidente en esta pandemia, por haber ignorado la realidad durante meses y minimizar sistemáticamente la situación. Ya hay 130.000 muertos por la covid-19 en EE UU y el país está batiendo su récord de nuevos casos cada día.

Biden presentó su programa en una planta metalúrgica en Dunmore, Pensilvania, un gesto por sí mismo significativo. El Estado del noreste fue, junto con Michigan, la gran sorpresa de 2016. Pensilvania no votaba republicano desde 1988. Trump selló su victoria con una victoria por apenas unos miles de votos en estos dos Estados. La sorpresa se atribuyó al resentimiento de los trabajadores empobrecidos por la deslocalización de empresas, no suficientemente detectado por las encuestas. Trump se presentó ante este perfil con un discurso de America First que echaba la culpa de las dificultades a China y a México.

El discurso de Biden dejó clara una idea central: Trump ha beneficiado a la Bolsa y a las grandes empresas, mientras les fallaba a las familias y los asalariados. “Es hora de dar la vuelta a las prioridades en este país”, dijo Biden. “Ya toca acabar con esta era de capitalismo de accionistas. La idea de que la única responsabilidad de una empresa es con sus accionistas es una farsa absoluta. Tienen una responsabilidad con sus trabajadores, su comunidad y su país”.

La campaña de Biden no solo está atacando el argumento económico del presidente por su falta de plan a largo plazo para la situación que ha creado la covid-19. También trata de debilitar la idea de que estos años hayan sido tan buenos. La rebaja de impuestos animó la inversión en el exterior más que en el país, afirma el programa. En 2018, continúa, se batieron récords de recompra de acciones y de baja recaudación de empresas. En 2019, el sector manufacturero de EE UU “estaba en recesión”, y la guerra de aranceles con China “acabó contribuyendo al declive de las exportaciones”.

En la presentación del programa económico, la campaña de Biden deja claro que su victoria no supondrá una vuelta a los tratados comerciales y el aperturismo. En estas elecciones, Biden cuenta a su favor con unos datos que permiten asumir una gran movilización entre todas las categorías de votantes. Lidera las encuestas tanto en el nivel nacional como en los estados clave. Pero arañar votos de Trump en ese perfil sería un paso importante, quizá definitivo, especialmente en tiempos económicos duros como los que se avecinan.

Tres años de división, agresión verbal, tufo a corrupción, escándalos (hace solo seis meses que hubo un impeachment) y agotamiento general de la población habían dejado a Trump con muy pocos argumentos para presentarse a la reelección. Trump puede agitar a las bases más acérrimas con discursos sobre las armas o el aborto, pero su principal argumento para aspirar a un voto moderado era la economía. En su mandato, EE UU ha vivido los últimos tres años de la década de mayor expansión de su historia, con números récord de empleo. Su lema de campaña es: Promesas hechas, promesas cumplidas. La pandemia ha destruido ese argumento. Nadie le puede echar la culpa de la pandemia, pero sí de la respuesta. “Menos de un tercio de la enorme cantidad de dinero que el Congreso y la Reserva Federal han puesto a disposición del sector privado ha ido a negocios pequeños”, dijo Biden este jueves. El Congreso ha aprobado ya tres billones de dólares en ayudas y se está discutiendo un nuevo paquete.

Los últimos días de empuje de la campaña de Biden también han dejado entrever el intento de los demócratas por presentarse unidos en torno a Biden, que será una especie de candidato de unidad. Después de unas primarias en las que llegaron a presentarse más de una veintena de candidatos, el Partido Demócrata decidió agruparse en torno a la figura del exvicepresidente y frenar en seco otras opciones más izquierdistas, como los senadores Bernie Sanders y Elizabeth Warren. Biden era el más moderado de los candidatos, y el que menos gasto público prometía. Los demócratas se presentan en noviembre con una propuesta en principio contradictoria: el candidato más establishment posible, con el programa más izquierdista en tiempos recientes.

Sin embargo, la campaña está llena de gestos en la que los candidatos que movilizan el voto joven dejan claro que Biden es la mejor opción. El miércoles, la campaña presentó el “grupo de trabajo Biden-Sanders”, con una serie de propuestas que recogen desde la expansión de la sanidad pública hasta la eliminación de las prisiones privadas o revertir la política de Trump en inmigración. El programa, por el momento, no habla abiertamente de asuntos como la sanidad pública universal o el Green New Deal, al menos no con esas palabras.

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