Christian Gálvez, entre los rostros de Leonardo da Vinci y las dudas sobre ‘La Gioconda’


Christian Gálvez, comisario de la exposición ‘Leonardo da Vinci. Los rostros del genio’.
JORGE PARÍS

Ya no sorprende ver, escuchar y leer a Christian Gálvez (Madrid, 1980), presentador del concurso Pasapalabra de Telecinco, disertando sobre Leonardo da Vinci. Después de novelas y ensayos sobre el genio renacentista y su época, Gálvez llega a la cúspide de su carrera como divulgador davinciano en estos días en los que arranca la exposición Leonardo da Vinci: los rostros del genio en Madrid, de la que es comisario, y presenta su nuevo libro, Gioconda descodificada (Aguilar, 2018).

Los rostros del genio, muestra con doble sede, en el Palacio de las Alhajas (14,50 euros la entrada) y en la Biblioteca Nacional (gratuita), con motivo del quinto centenario de la muerte del artista y científico donde se podrán ver, entre otros elementos, la Tavola Lucana, para algunos el único autorretrato de Da Vinci y que visita nuestro país por primera vez, o los dos códices de Leonardo que posee la Biblioteca Nacional.

La exposición pretende, en palabras de Gálvez, “despertar durante, al menos hora y media, aquello que hizo grande a Leonardo: la curiosidad”. “Los espectadores se tienen que sentir niños, porque Leonardo no dejó se sentirse así y se preguntó cosas hasta que murió”, explica. Y de los rostros que propone la muestra, ¿con cuál quedarse? “Que cada uno salga con el que quiera”, responde, “pero que nos sirva de referencia y nos inspire;  quiero ver cómo reacciona la gente, si acepta a este Leonardo en vaqueros que presentamos”.

Gálvez, apasionado autodidacta sobre el artista y científico italiano, asegura que se siente reflejado con Leonardo, pero desde el punto de vista “del fracaso”. “El valor de Leonardo “va mucho más allá de La Gioconda, La última cena y estas teorías dantescas del priorato de Sión y demás. El verdadero valor de Leonardo es la capacidad de autoformación, de adaptación, de reinvención y la capacidad de no rendirse. Tuvo éxitos, pero los celebramos hoy. Su figura está hiperbolizada y distorsionada”, explica este divulgador que defiende que “hay que poner pantalones vaqueros” a la cultura y la historia si se quiere que las “futuras generaciones se emocionen con ella”.

“¿Genio, prototipo de hombre universal? No, mira, era ilegítimo, iletrado, con déficit de atención, disléxico y bipolar. Murió fracasado y perdedor”, continúa Gálvez su argumento. “Venía de una familia que hoy diríamos desestructurada, como la de un montón de gente; se llevaba mal con el padre, no le dejaban ver a la madre, no pudo ir a la escuela; lo rechazaron una y otra vez y al final se tuvo que ir de su país. Fuga de cerebros, ¿nos suena todo esto? Pues eso es Leonardo”.

Como miembro del Leonardo DNA Project, un proyecto internacional que utiliza herramientas científicas y tecnológicas para investigar sobre historia y artes, Gálvez defiende la comunión entre ciencias y humanidades. Da Vinci era “ante todo, científico, pero pintaba y dibujaba muy bien y le pagaban por eso”. El presentador asegura que “el arte no se entiende sin las matemáticas” y que, además, a día de hoy, estudiar la historia o el arte solo sin ciencia “es un callejón sin salida”. ¿Qué abre las puertas? “El carbono 14, la identificación de huellas dactilares, el pelo y la saliva… La ciencia es la llave y, además, en el caso de Leonardo lo más pertinente”.

Gioconda descodificada

Como la cosa va de caras, pasamos de los múltiples rostros del genio a su retrato más conocido: La Gioconda. A esa pintura dedica su última obra Gálvez, donde “duplica el método de trabajo de Leonardo” y parte de un panorama general para ahondar en, probablemente, uno de los cuadros más famosos del mundo.

¿Es entonces la gran maniobra publicitaria de la historia del arte? “Sí,” responde seguro, “es la mayor operación de márketing de la historia del arte antes de lo digital. Y Salvator Mundi, es la mayor de la era post digital. Sin embargo, sabemos que La Gioconda sí la pintó Leonardo, y el otro… Bueno se suponía que abrían con él el Louvre de Abu Dabi y todavía no lo han colgado. Por algo será…”

Gálvez viaja en su obra por la visión de la mujer en el Renacimiento, repasa todas las otras giocondas, analiza científicamente el cuadro y pone sobre la mesa todas las opciones de quién fue la modelo de Da Vinci. Sobre esa cuestión, aunque Gálvez “se moja” (en el libro apuesta, “poniéndose romántico” porque la modelo fue la madre de Da Vinci), asegura que no puede “decir quién es, pero sí puedo demostrar que puede ser tanto una como otra”.

Pretendo sembrar las dudas en el lector y que vea que todo lo que nos han contado, quizá no esté tan claro”, explica este autor, al tiempo que recuerda, “que la giocondolatría surge en el siglo XIX, porque hasta entonces la gran obra de Leonardo era La última Cena“. Eso sí, el autor afirma que él no es “ni Dan Brown, ni de los que dice ¡descubierto el enigma o la enfermedad que sufría! No, el enigma no está descubierto, ni mucho menos. Ni tampoco tenía una enfermedad. La única que sufre es el miedo del Louvre a restaurarla“.

¿Y si, en vez de una mujer, hubiera pintado un hombre, despertaría el mismo interés y misticismo? “Cero, ¿qué misterio despierta El Músico? La Gioconda no deja de ser la sublimación de la forma pictórica de Leonardo para retratos femeninos, pero hasta principios del siglo XX, cuando la robaron, nadie iba a verla”.



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