Cuando el hampa nos arrebata a un ser querido


Opinión: Cuando el hampa nos arrebata a un ser querido

El 2017 cerró con 603 homicidios, los números más sangrientos jamás registrados y este 2018 va por el mismo camino. La policía nos da a diario estadísticas que nos hacen pensar, lamentar, entristecer. Víctimas, que aunque sufrieron muertes crueles y violentas, ya descansan en paz.

Pero se olvidan las autoridades de los cientos, o más bien miles de papás, mamás, hijos, hermanos, esposas, a quienes el hampa les arrebató a un ser querido. En ellos, el dolor y la impotencia no desaparecen, y los tristes recuerdos y las graves secuelas psicológicas, renacen cada vez que en nuestra querida y golpeada Costa Rica, se repite un nuevo crimen, es decir, todos los días.

Los expertos dicen que no hay que actuar, que ante ese delincuente es mejor quedarse quieto, solo ceder; pero ellos no se han puesto en los pies de un padre desesperado que ve como apuntan a la cabeza de su hijo, ahí, la reacción humana es inevitable, querer defender a lo que más se ama, la ira y el sentimiento de protección son quienes mandan.

Aunque soy psicóloga, no me refiero a ninguna teoría, hablo de mi propia experiencia. Mis hijos y yo vimos a mi esposo morir en manos de un asaltante, en la cochera de nuestra casa, él fue la barrera protectora que impidió que la bala terminara en nuestro hijo. Dio su vida, y lo extrañamos a cada minuto, de repente y porque así lo quiso un inadaptado social, dejó de estar presente en nuestra rutina, en las ocasiones especiales, en los cumpleaños y graduaciones.

Recientemente, un hombre murió al intentar defender a su hijo de un asalto, en Desamparados. Este caso, ¡Como nos ha hecho revivir nuestra tragedia!. Ahora, esa familia arrastrará por siempre la pena, y tendrá que enfrentarlo sola, porque ni el gobierno ni las autoridades se acuerdan de estas otras víctimas, las colaterales.

Ya es hora de pensar en la violencia como una epidemia, ante la cual la sociedad costarricense está indefensa, y los delincuentes cada vez más agresivos, disparan y apuñalan sin ninguna contemplación, despreciando el valor de una vida humana.

El año pasado cerró con 12.1 homicidios por cada 100 mil habitantes, para el 2025 será de 16.08 por cada 100 mil habitantes, según proyecciones del OIJ. Esto no solo significa más sangre en manos de los delincuentes, sino también más familias arrastradas por esta tragedia.

Rocío Solís Gamboa
Psicóloga



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