Desparasitar a nuestros perros, lavar las verduras… qué son, como se previenen y tratan los peligrosos quistes hidatídicos


La hidatidosis -también conocida como equinococosis quística (EQ)- es una enfermedad infecciosa parasitaria producida por algunas de las cuatro especies conocidas del género Echinococcus. La más conocida por su mayor prevalencia es la Echinococcus granulosus. Se trata de una zoonosis -una enfermedad transmitida de animales a humanos- que tiene como principal huésped al perro, aunque también puede verse en ovejas, gatos, zorros u otros animales, por eso es más frecuente en el ámbito de la agricultura, ganadería y alimentación. Y en el resto de profesiones, se relaciona con la convivencia con perros domésticos.

Presente en todo el mundo, la hidatidosis es una enfermedad de obligada declaración debido a su carácter contagioso y que puede llegar a ser potencialmente mortal.

Cómo se transmite

Su ciclo vital consiste básicamente en hospedarse en el intestino de una especie determinada, principalmente el perro, y allí pone huevos. Los huevos se eliminan por las heces y estas pasan al suelo, aguas residuales, la boca del perro cuando se lame el ano… Para que infecte al ser humano, este tiene que ingerir los huevos, que son muy resistentes, y esto puede producirse al ingerir algunos alimentos mal lavados, tocar tierra contaminada o dejarse lamer la cara por un perro infectado. Una vez en el intestino, el parásito pasa a los vasos sanguíneas y linfáticos y puede alojarse en cualquier parte del organismo, principalmente el hígado, pero también en pulmones, riñones, huesos e incluso el cerebro.

La formación de los quistes y los síntomas que provocan

Si los embriones del parásito no son destruidos por sistema inmune, se alojarán en una a varias zonas del organismo formando lo que se conoce como quistes hidatídicos, que pueden crecer entre 1-5 cm por año sin provocar ningún síntoma durante meses o años, ya que actúa como un tumor ocupante de espacio. Los síntomas dependerán, por tanto, del órgano en el que se hospeden y que estén dañando. Los más comunes suelen ser dolor abdominal, ictericia, hemorragias… pero también atrofias, síntomas respiratorios, necrosis por compresión vascular, hipertensión craneal, síntomas neurológicos, insuficiencia hepática, renal, etc.

También puede ocurrir, aunque no es muy frecuente, que se produzca una rotura de los quistes y causar fiebre, urticaria y reacciones anafilácticas graves.

Cómo se diagnostican y se tratan

Dado que los quistes pueden seguir desarrollándose en el organismo durante años sin causar síntomas, a veces se descubren casi por casualidad al realizar pruebas radiológicas por otro motivo, pero lo normal es que se detecten después de tener molestias tras realizar una ecografía, una radiografía, un TAC o una resonancia. Ante la sospecha de que puede tratarse de un quiste hidatídico, se confirmará el diagnóstico a través de un análisis de sangreen busca de pruebas inmunológicas. También se puede analizar el contenido del quiste en busca del parásito.

El tratamiento prescrito dependerá de cómo sean las lesiones, su localización… y son principalmente tres:

•Cirugía: Extirpar los quistes ha sido la opción más habitual, pero en los últimos años está siendo reemplazada por tratamientos más conservadores, sobre todo si te trata de quistes pequeños y calcificados. Los grandes o los asociados a roturas u otras complicaciones, como infecciones, sí se deben operan. En cualquier caso, la cirugía deberá esta siempre acompañada de un tratamiento farmacológico con albendazol -fármaco eficaz contra este y otros parásitos- para minimizar el riesgo de recaída.

•Drenaje percutáneo. Mediante una punción, y guiados por ecografía o TC, se destruye la capa germinal del quiste y se extrae su contenido. Al igual que en la cirugía, deberá administrarse previamente albendazol. No puede utilizarse en caso de quistes en los pulmones.

•Medicamentos. En caso de quistes pequeños o personas en las que está contraindicada la cirugía, se puede recurrir solo a un tratamiento farmacológico con mebendazol y, sobre todo albendazol, que ha demostrado ser más efectivo. No están libres de efectos secundarios y contraindicaciones, como el embarazo, la lactancia, por lo que se recomienda un seguimiento del paciente mientas dura el tratamiento, de entre 3 a 6 meses.

•Esperar y vigilar. En caso de tratarse de pacientes asintomáticos y con quistes no complicados, que representan alrededor del 20% estos quistes, en algunas ocasiones se opta por no intervenir sino por vigilar periódicamente y ver cómo evoluciona. Si permanece inactivo, no seria necesario someter al paciente a tratamientos agresivos.

En cualquier de los casos anteriores, se tiene que realizar un seguimiento al paciente, especialmente los dos años siguientes, por si aparecen recurrencias.

Cómo prevenir la hidatidosis

Puesto que se trata de una infección transmitida por animales, la prevención pasa por evitar que los animales con los que estamos en contacto se contagien, especialmente los perros. Para ello, se recomiendan algunas medidas de higiene, tanto con estos animales de compañía como con nosotros mismos:

•Realizar periódicamente una desparasitación en los perros. Desde que son cachorros a los 15, 30, 45, 60, 75, 90 días de tratamiento y repetir cada 4 meses.

•Evitar dar de comer a los perros vísceras crudas, sobre todo de restos de ganado, como abandonados por el campo, como ovejas. Si los llevamos con collar, evitaremos que vagabundeen y coman cosas que se encuentren sin control.

•Hacer análisis de su materia fecal periódicamente.

•Lavar muy bien los vegetales que se ingerimos crudos.

•Evitar que los niños se lleven tierra o arena a la boca.

Lavarse bien las manos después de tocar un perro y evitar que nos laman en la cara, sobre todo a los niños.

•Adoptar medidas rigurosas de higiene y cuidado de los animales en general.



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