Diario Extra – Mi esposa escribió en esta columna


Soy un hombre casado de 33 años. Hace poco publicaron una pregunta de mi esposa en la que dice que la celo con la familia. Lo que sucede es que la mamá pasa todo el día en mi casa. Si vamos a un paseo, quiere que vaya la familia. Para ella los hermanos son lo mejor. Diría que a mí ni me suma ni me resta. Cuando saqué la licenciatura, apenas me felicitó, cuando un hermano se graduó, fue la que organizó la fiesta. Eso no es justo.

 

Desde las primeras civilizaciones, la separación de los padres ha sido un asunto difícil. Esa es la razón por la cual hasta los libros sagrados como la Biblia se ocupan del tema. “Dejarás a tu padre y a tu madre y formarás un nuevo hogar” es una máxima presente en la mayoría de las escrituras de las primeras civilizaciones. 

La naturaleza crea vínculos fuertes entre padres e hijos que se mantienen a lo largo de toda la vida. Como bien sabemos, nada sustituye el cariño de un padre o el amor de una madre. Cuando se crea un vínculo estable, los padres deben propiciar la estabilidad de esa relación que empieza. Así, deben darles su espacio, respetarles su privacidad, no abrumarlos con injerencias y sobre todo propiciar su independencia y autonomía, aspectos fundamentales para el éxito de pareja. 

De manera errada, algunos padres compiten por el amor de su hijo y crean una guerra campal con la pareja, en otros casos son los hijos los que “no se despegan de los padres” y el vínculo marital pasa a un segundo plano, provocando un enorme vacío emocional en la pareja. En algunos casos, ambos miembros de la pareja siguen “sin romper el cordón umbilical” y la vida marital es un mero formalismo para ambos, pero no goza del protagonismo debido. En todas estas circunstancias, es fundamental buscar ayuda profesional para valorar posibles soluciones.

 

Nuestras primeras vacaciones: ¡un desastre!

 

Soy una mujer recién casada de 26 años. Mi actual esposo y yo nos conocimos haciendo la maestría y nunca tuvimos tiempo para nosotros porque pasábamos estudiando todo el día. Terminamos los estudios hace dos meses y esta Semana Santa fue la primera vez que pasamos juntos y libres de estrés. Nos fuimos a la playa y nos fue mal porque discutimos demasiado y ni sexo tuvimos. No sé por qué nos pasó si nos queremos mucho.

 

El buen vivir es un requisito indispensable para el éxito marital. Algunas parejas que se quieren de verdad no logran un convivio armónico, porque se acostumbraron a resolver los problemas a la brava, con gritos y desplantes. Olvidando que la tolerancia y la capacidad de llegar fácilmente a acuerdos es un factor esencial para la estabilidad del vínculo.

Muchas parejas, cuando inician el convivio, se dan cuenta de lo difícil que les resulta llevarse bien cuando ambos no dan el brazo a torcer aun en asuntos pequeños, triviales y sin transcendencia. Fácilmente caen en discusiones conflictivas muchas veces seguidas de distanciamientos tanto físicos como afectivos, condiciones que dañan de manera significativa la relación y provocan fuertes cuestionamientos en cada uno, sobre si se debe seguir adelante con la relación. 

En los casos en que uno o ambos tienen trabajos de jerarquía, en que es necesario ser firmes e intransigentes, o gozan de una posición privilegiada, o son beligerantes porque son la voz de mando, es común que equivocadamente piensen que así deben ser con el resto del mundo, y particularmente en la vida en pareja. Con el tiempo comprenden que estas actitudes tan bien valoradas en el mundo laboral suelen ser contraproducentes en la vida emocional. 

Desde luego si hay amor, si hay cariño y un franco deseo de sacar adelante la relación de pareja, entonces se debe buscar ayuda profesional para aprender los elementos básicos que les permita vivir en pareja.



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