Diario Extra – Se me quitó la depresión


Soy un hombre divorciado de 40 años. Comencé a tener cuadros depresivos a raíz de mi divorcio hace ya casi una década. Nunca he querido usar medicamentos, pero sí llevo terapia. En marzo, cuando empezó la cuarentena, estaba muy asustado y tenía mucho miedo por la salud de mis padres que son mayores. No sé si fue la preocupación o qué, pero hasta hoy no me he vuelto a sentir deprimido. Quiero seguir en terapia, pero no sé qué me pasó, estoy mejor.

 

Como sociedad apenas nos estamos dando cuenta que enfrentamos un momento histórico, esa toma de conciencia que está sucediendo de manera larvada pasa tanto en la colectividad como en el plano individual. 

Recordemos que el mismo día que se decretó la cuarentena no sabíamos qué iba a pasar, teníamos el temor de que el coronavirus arrasara con toda la población, afectara a familiares y allegados. Esos días tuvieron un aura apocalíptica, parecía el juicio final. 

Esto provocó en muchas personas que el cerebro liberara una serie de sustancias llamadas neurotransmisores que preparan al organismo para estar alerta, activo, para que esté en capacidad de responder ante cualquier imprevisto, tragedia o emergencia que pueda suceder. Precisamente estas sustancias tienen la función opuesta a las que condicionan los cuadros de depresión.

Por eso, muchas personas pensaron que en la cuarentena iban a dormir más, a descansar más y hasta holgazanear más, pero muchos se vieron sorprendidos al experimentar altos niveles de energía. De igual manera, muchas que cursaban con cuadros depresivos observaron un repunte en su estado anímico. Esta mejoría en muchos casos es permanente, en otros transitoria, pero siempre es recomendable una valoración profesional orientada a mantener esa mejoría clínica. 

 

Ya no tengo mal carácter

 

Soy una mujer de 29 años, vivo en unión libre. Soy tica, pero resido en Nueva York. Siempre he sido una gran malcriada, de esas personas que a cualquiera le gritan y ni qué decir a mi pareja. Mi hermana estuvo muy mal de un cuadro gripal y le hicieron las pruebas del coronavirus, pensamos que la iban a internar y eso me impactó mucho. Me dio miedo que se muriera, que nos hubiera infectado… eso me cambió la forma de ver las cosas y de tratar a los demás. 

 

En diversas ciudades del mundo el coronavirus ha causado una enorme cantidad de muertes que provocan terror en la población. Desde luego, el miedo es mayor cuando personas cercanas se ven afectadas, por un lado, porque son seres queridos y además porque puede que nos hayan infectado. 

Ante esta perspectiva, muchas personas comienzan a ver el mundo de una manera más clara, se dan cuenta que a pesar de muchas circunstancias la vida que existía antes del coronavirus era una buena vida y mucho mejor que lo que hoy se está viviendo, aunque con una buena actitud siempre podremos sobrellevar la realidad.

Por eso, es frecuente que aquellas personas que por todo se quejaban, que maltrataban a sus seres queridos, hoy se han dado cuenta de su error y han procurado enmendar ese tórpido proceder. Esta es una experiencia que se ha reportado en diversas partes del mundo y sobre todo en aquellas zonas donde la pandemia ha provocado estragos.

Las tragedias pueden resultar útiles para replantearnos la vida que hemos llevado, para apreciar lo que tenemos y valorar en su verdadera dimensión a las personas que a diario conviven con nosotros. Ante tanta penuria que ha traído la Covid-19, hay un legado de enseñanzas que debemos aprovechar.



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