el duelo a vida o muerte entre José María Pou y la ballena


José María Pou afronta uno de los grandes retos interpretativos de su carrera dando vida al capitán Ahab en la adaptación teatral de la mítica novela de Herman Melville.
DAVID RUANO

Herman Melville contaba en sus memorias que tras escribir la primera versión de Moby Dick, dejó reposar el manuscrito en un cajón durante un año entero. Durante aquel lapsus de tiempo, el escritor neoyorkino decidió releer la obra de Shakespeare y cuando finalizó una de sus grandes tragedias: El rey Lear, se dio cuenta de que debía reescribir la novela, y más concretamente su personaje principal, el capitán Ahab. De esta manera, ambos personajes quedaron para siempre unidos por un hilo invisible.

La anécdota la cuenta uno de los grandes maestros de la escena española, el actor José María Pou. Su talento (y el destino) le pusieron delante hace trece años la posibilidad de interpretar al viejo monarca, personaje cumbre de la dramaturgia shakesperiana. Y a él vuelve ahora, aunque reencarnado en otro de los personajes cumbre de la literatura universal, ese viejo lobo de mar obsesionado con una ballena blanca.

“La idea de llevar al teatro a Moby Dick surgió inmediatamente después de hacer El rey Lear por parte de los productores. Yo acepté esa propuesta en aquel momento, que ha acabado cuajando ahora. Cuando terminé El rey Lear tenía ganas de volverme a reencontrar con el personaje al cabo de unos años porque es tan enorme que uno es consciente de que no acaba de abarcarlo y entenderlo del todo. Pensaba, dentro de unos años con más experiencia como actor y persona podré volver a encararlo. Y mira por donde, me he dado cuenta ahora que al estar interpretando a Ahab estoy cumpliendo ese sueño de volver a reencarnar al rey Lear“, confiesa.

A esta apasionada y destructora travesía a bordo del ballenero Pequod, se ha embarcado Pou con otros dos experimentados marineros: Andrés Lima, que afronta la dirección del montaje teatral; y el dramaturgo Juan Cavestany, que se ha ocupado de la ardua labor de adaptar para el teatro esta mastodóntica novela de más de mil páginas. Juntos desembarcan estos días en el Teatro La Latina de Madrid, donde el espectáculo permanecerá en cartel hasta el próximo 10 de marzo.

Con algo más de un año de rodaje por España tras el estreno del montaje en Barcelona, Lima dice sentirse completamente arrebatado con la actuación de su protagonista: “Es un acontecimiento poder ver a José María en este espectáculo. Me emociona porque es una especie de posesión. Y cuando un actor está poseído por un personaje y por la historia es como asistir a un milagro“. Otro milagro, según él, ha sido conseguir un texto tan redondo como el de Cavestany, quien no se ha limitado a condensar el libro y que se aleja, además, del simple relato de aventuras con el que siempre se ha asociado el libro: “No queríamos aventura ni acción, sino buscar el peso de la palabra y las ideas”. “La aventura real es contemplar la muerte del personaje”, añade Lima, para el que la obra trata fundamentalmente “de lo que no entendemos, tiene una parte muy ritual y muy mística”.

Para los tres el poder de atracción de un personaje como Ahab reside en su fuerza enloquecida: “Un hombre capaz de arrastrar a toda una tripulación y a quien haga falta para lograr su objetivo. Ahab puede ser la metáfora de los grandes líderes que han llevado al caos y la destrucción a la humanidad. Pero, a la vez, también es un hombre que tiene mucho de Ulises porque es capaz de dar lo mejor de si y hacernos creer que somos capaces de cualquier cosa si nos lo proponemos”, explica Lima.

Un hombre que, contra viento y marea, sigue su camino hacia la destrucción y la muerte en brazos de esa ballena, Moby Dick, a la que odia tanto: “He hablado muchas veces con José María y con Juan de si esta novela no va del suicidio en el fondo. Pero como los grandes libros está lleno de luz, igual que la ballena, que es blanca y no negra, es una historia oscura sobre algo muy claro, ese camino hacia lo blanco que es la ballena, hacia ese animal metafórico enorme, Leviatán en la Biblia”.

“Es la propia encarnación de la locura”, añade Pou, “su viaje es un viaje hacia la muerte. En un momento de la función dice ‘quiero que este viaje no termine nunca’, por una parte estoy aterrorizado pero al mismo tiempo estoy deseando llegar a mi destino”. El actor también destaca la dualidad amor-odio que produce en el espectador: “Si lo estudias fríamente dices ‘no encuentro que me pueda crear empatía hacia el personaje’. ¿Por qué entonces no puedo apartar la vista de él? Porque tiene esa madera de los grandes héroes, ese convencimiento y valor necesario para enfrentarse en la ballena es lo que le convierte en un héroe“.

El actor, que vive un momento muy dulce a nivel profesional tras 50 años sobre las tablas -esta misma semana se anunciaba su nombramiento como nuevo director artístico del Teatro Romea de Barcelona– reconoce también que con esta interpretación quiere, en cierto modo, saldar deudas con su adorado Orson Welles. Pou dio vida al famoso director y actor en Su seguro servidor, Orson Welles de Richard France hacer ahora una década. Welles, por su parte, pasó gran parte de su vida obsesionado por llevar al teatro este proyecto. Cuando finalmente consiguió dirigir su versión teatral en Londres, protagonizada por el mismo, fue un estrepitoso fracaso (apenas duró una semana en cartel con unas críticas nefastas). “Con esta interpretación, creo que de alguna manera y habiéndome metido también en la piel de Welles, le hago justicia”.

José María Pou como el capitán Ahab

José María Pou como el capitán Ahab. Fotografía de David Ruano.



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