El mundo que se nos viene: (Parte III) Costa Rica


«Nada es más repulsivo que la mayoría: pues está formada de unos pocos cabecillas enérgicos, de unos pícaros que se acomodan, de unos débiles que se asimilan, y de la masa que sigue la corriente sin tener la menor idea de lo que quiere»; de esta forma se refería Johann Wolfgang von Goethe a los hombres de su tiempo, luego de tantos análisis de la sociedad y de los tiempos en que le tocó vivir. Pero la cuestión sigue siendo la misma. Tal parece que la democracia aunque alabada por muchos, está destinada a morir pues en ella habita el mismo mal.

Jimmy Stewart. Columbia Pictures. 1939

Lo anterior puede resultar escandaloso cuando no se ha estudiado lo que es la democracia y lo que ella encierra, siendo este asunto como tantos otros que escandalizan a las masas pero que no tienen nada de particular o extraño, veamos.

La República de Platón ha sido por largo tiempo una de las obras más interesantes legadas por el mundo griego, y se debe a que ella encierra los posibles modelos de República que las naciones han adoptado durante siglos.

La historia ha registrado el nacimiento, encumbramiento y muerte de pueblos dirigidos por la aristocracia, timocracia, oligarquía, democracia, demagogia y finalmente la tiranía. Y aún persiste la idea de que la democracia es la reina de todas ellas, porque genera libertades que presuntamente no existen en los otros regímenes; y como el hombre es más perezoso para pensar, entonces termina irremediablemente acostumbrándose a la calma.

Pero todo esto puede variar conforme a los imprevistos que trae consigo el avance del tiempo.

El Imperio Romano fue golpeado por muchos eventos imprevistos que socavaron la estructura de la sociedad y del poder, hasta su definitiva desaparición. Las trece colonias de Norteamérica cansadas de pagar tributos a un reino en el cual no tenían poder de decisión, llevaron al nacimiento de una nación. El desenfado y la inoperancia del antiguo régimen monárquico francés aunque ya debilitado y a sabiendas de que el sistema feudal había sido superado hacía tiempo, brindó los ingredientes necesarios para la atrocidad llamada Revolución Francesa. El genocida Lenin tomó el poder por medio de la violencia en una Rusia que ya era democrática, pues hacía un tiempo la monarquía había abdicado al poder. Y así la historia está llena de hechos que ponen fin a un régimen y son reemplazados por otros. A veces no mejor que el anterior.

Democracia como Platón la planteó, es el gobierno del pueblo, sin siquiera detenernos en conocer qué es el pueblo y quiénes lo conforman. Durante más de un siglo las naciones occidentales han alabado la democracia como la gran solución de todos los males.

Doscientos treinta y un años después de la revolución francesa, ha llegado el tiempo en que las cosas que no se veían tan claramente, hoy están más claras que nunca. La democracia está enferma de muerte, y en muchos casos, ha muerto ya.

La demagogia sustituye a la democracia

Muchos creen que Adolf Hitler vino a engañar a los alemanes, sin saber que este hombre fue posible gracias a las ideas que habitaban la mente de las masas. Lo mismo ocurre con la clase política que ha gobernado Costa Rica en las últimas cuatro décadas; así como las clases políticas que gobiernan tantos países. Alemania era una democracia cuando el nacionalsocialismo tomó el poder. Esa democracia se convirtió en demagogia y luego en tiranía.

Jimmy Stewart. Columbia Pictures. 1939

Todo tirano democrático es el resultado de las ideas que habitan en la mente de la gente. Una Laura, un profesor Solís o un Carlos sólo son posibles por las ideas que la gente ha ido acumulando. Ideas en las cuales ellos creen y dan como resultado personajes como estos en el poder. Algunos de ellos llegan al poder, ya contaminados en los años de universidad, quienes son en el mundo actual las instituciones que pueden generar los más grandes avances, pero a la vez los más grandes estúpidos.

Reiteradamente un líder demagogo como Hitler confirmaba para sí y para sus correligionarios que Alemania debía lograr la victoria o marchar directo a la aniquilación total. Estamos ante la presencia de las máximas que en el fondo todo demagogo enarbola en su ideario. El pueblo que los ha elegido en el poder, son aquellos que pagan siempre los errores y malas decisiones de las políticas de estos. Esto es posible no solo por la existencia de las ideas y de las pasiones que habitan la mente de las mayorías, sino por los mecanismos que la democracia pone a disposición de las minorías. Son las minorías que se imponen por sobre el bien común y casi siempre terminan triunfando.

Reitero, la democracia está enferma de muerte y ella misma es la que está destinada a su desaparición, tal y como ya es posible observar dicho proceso en un país como Costa Rica que ha sido conocido en el extranjero como “la democracia más antigua de América”. Obviamente esto es una mentira, porque ya no es una democracia y además de que nunca fue la más antigua (antes estuvo EE.UU.).

Costa Rica al igual que el resto de países de la región latinoamericana han mudado la democracia por la demagogia. Veamos, si la democracia cuenta con los medios necesarios para que sea el gobierno del pueblo, cualquier minoría lo suficientemente astuta puede hacerse con el poder amparada en las mayoría, eso fue justo lo que hicieron los nazis en Alemania, o los socialistas en Costa Rica. Es la misma escena donde cada cuatro años el costarricense idolatra en las urnas al régimen que lo oprime, una semejanza bestial con los los hebreos venerando al becerro de oro.

La pandemia del coronavirus ha sido la excusa para que una minoría anteponga sus antojos de dominio absoluto por sobre la libertad de las mayorías, tal y como ya lo demostré en el artículo anterior (El mundo que se nos viene: (Parte II) América Latina). Esto pocas personas lo han notado, porque de una u otra forma han caído cegados por la propaganda de los medios quienes se benefician por infundir y difundir la desinformación, el miedo y el terror. Algo sumamente útil para la clase política autócrata. La gente rebaño es incapaz de ver esto siquiera aunque lo tenga ante sus propias narices.

Magistralmente Hitler describe la pasión que sienten las masas por ser dominadas y atemorizadas: «La crueldad impone, la gente necesita el pánico salvador. Quiere asustarse de algo. Quiere que se les obligue a temer y que puedan, horrorizándose, someterse a alguien. ¿No han visto ustedes que aquellos que, durante las reuniones o manifestaciones, habían sido maltratados y pegados eran los primeros en inscribirse en el Partido? ¿Por qué hablan y hablan de crueldad y se indigna ante los tormentos?. La masa lo quiere así. Necesita algo con que horrorizarse»[1].

La difusión de noticias a toda hora y en todos los medios acerca de la pandemia es ya una propaganda evidente que no es posible ser ocultada bajo el pretexto de ser “noticia” de interés nacional o mundial.

Si la gente ama sentirse horrorizada, la propaganda debe apuntar a ello. Entre más terror y pánico cause, mejor. Como se ve, también los medios de comunicación son parte del germen que en algún momento echará al suelo el régimen democrático o demagógico.

¿Qué vendrá luego de todo esto?

En el mediano plazo en Costa Rica, la recesión económica que ya ha destruido la vida de cientos de miles de personas, no hará más que convertirse en una situación de normalidad. La gente verá como normal que existan personas desempleadas, o en el empleo informal. Será normal que cada día aumente la pobreza.

Jimmy Stewart y Jean Arthur. Columbia Pictures. 1939

Lo extraordinario en dado momento, termina siendo parte de la normalidad porque se vuelve tendencia y ya no sorprende a las masas. Será necesario algo más aterrorizador para mantener la atención de la gente. ¿Con qué nos van a sorprender la clase política y los medios de comunicación cuando ya la pandemia del coronavirus se torne en algo normal?

La pobreza en el corto y mediano plazo seguirá al alza. El descontento también. Los feligreses de la religión secular del Estado seguirán en aumento. Cada día más y más personas se volverán dependientes de las “ayudas” de la clase política, por tanto será una especie de relación tóxica siniestra. La gente es flagelada por el Estado, pero a la vez dependerá más de él.

Estamos ante la destrucción de la independencia y libertad del ser humano, que no es poca cosa. La democracia ya no existe cuando esta dependencia se hace presente. Los socialistas e igualitarios, han estado abocados en destruir el Estado de bienestar, viviendo a costillas de los demás, y comprando con “seguridad” monetaria y laboral a quienes siempre habían mostrado alguna simpatía con estas posturas. El afloramiento de los imbéciles no es nuevo. No es que sean mayoría, sino que en los nuevos tiempos han sabido aprovechar las ventajas de un mundo tecnológico donde son visibles.

Cualquier minoría que tenga la suficiente fuerza y elabore los ardites necesarios, podrá acceder al poder y desde allí flagelar y someter a las masas y al individuo, será la ganadora. El riesgo es que dentro de poco aparezca el hombre fuerte que se aproveche de las armas que da la democracia, para convertirse en un completo tirano. Y esto ya lo estamos viendo, desde el momento en que un burócrata que nunca ha sabido cómo producir algo que sea de utilidad para el mundo, porque la verdad es que nunca ha producido nada de valor, es quien ordena y priva a las personas de sus libertades de tránsito, expresión, culto y propiedad privada. ¿O es que los infectólogos y políticos no lo están haciendo ya con la excusa de salvar a los ciudadanos?

A largo plazo, es decir, en unas décadas quizás, la humanidad ya tendrá algún otro modelo de régimen con el cual empezar a cambiar la demagogia o tiranía. Irremediablemente la humanidad avanza hacia el fin del régimen político como lo conocemos en occidente.

Quiero pensar que el nuevo régimen llegará a subsanar lo que está mal en el actual. Quiero pensar que aún el individuo pueda recobrar su libertad de algún modo, quizás esta pandemia sea la causa.


[1] Discurso de Adolf Hitler, recogido por Fest, J. Libre segundo. El camino en la política. Triunfos locales.

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