“Es demasiado tarde, comenzó la recesión mundial”: ¿y Costa Rica?


  • Empresarios temen que desempleo se dispare de 300 mil personas a más de 700 mil
  • Crisis en Costa Rica será «más fuerte» de lo que la gente imagina», afirmó economista Eli Feinzaig

Trabajador desinfectando en el mercado central. La gran mayoría del comercio se ha visto afectado producto del COVID-19 en el país. Foto Ezequiel BECERRA/AFP

(CRHoy.com) La rápida propagación del COVID-19 por todo el mundo hace caer como castillos de naipes las proyecciones que tenían en cada país sobre sus economías a inicios de año.

La suerte parece echada. La posibilidad de que todo el mundo entre en una recesión es prácticamente una realidad y así lo apuntan cada vez con mayor seguridad organismos internacionales y calificadoras de riesgo.

A inicios de enero la agencia calificadora Moody’s proyectaba que el crecimiento económico a nivel global sería de un 2,6%. A inicios de marzo la proyección ya había caido a un 1,9% y la semana pasada terminó por derrumbarse: a este punto, la crisis por el COVID-19 puede ocasionar que el mundo cierre con un -0,4%.

La descripción, planteada a través de un Webinar efectuado el viernes pasado y titulado precisamente “COVID-19 Recesión Global”, es elocuente: oficialmente ha comenzado una recesión global

El COVID-19 ha creado un tsunami económico global que ahora está golpeando a los Estados Unidos y Europa con toda su fuerza. Los viajes, el turismo y el comercio internacional se han visto gravemente afectados, y las empresas de muchas industrias están cerrando. Los bancos centrales están respondiendo reduciendo las tasas de interés y proporcionando liquidez a sus sistemas financieros, y los gobiernos están aumentando el gasto y reduciendo los impuestos. Pero es demasiado tarde, ha comenzado una recesión global.

El tinte rojo en el mapa elaborado por la agencia calificadora aún no mancha a Costa Rica debido a la ausencia de mediciones, pero a nivel local economistas y representantes del sector empresarial temen lo peor.

Grandes socios comerciales de Costa Rica como Estados Unidos y la Unión Europea vislumbran estrepitosas caídas en su crecimiento económico. El país depende en gran medida del bienestar de estas economías para poder avanzar pues es allí donde van la mayoría de productos y servicios exportados. También de allí proviene gran parte de la materia prima y las importaciones que se utilizan a nivel local para producir.

 

En las proyecciones el Fondo Monetario Internacional dibuja un panorama apocalíptico en términos económicos. Describen, cómo las industrias se derrumban una a una sin que nada detenga la caída y así lo reseñaron en su blog en una reciente publicación:

“La pérdida de ingreso, el temor al contagio y la agudización de la incertidumbre llevarán a la gente a recortar los gastos. Es posible que haya despidos porque las empresas no pueden pagar sueldos. Estos efectos son particularmente graves en sectores como el turismo y la hostelería, como lo demuestra el caso de Italia. Desde el 20 de febrero último, cuando comenzaron las ventas masivas en el mercado estadounidense de la renta variable, los precios de las acciones de las aerolíneas se han visto desproporcionadamente vapuleados (…) Además de estos efectos sectoriales, un creciente pesimismo entre los consumidores y las empresas podría llevar a estas últimas a prever menos demanda y recortar el gasto y la inversión. Eso, a su vez, exacerbaría el cierre de negocios y las pérdidas de puestos de trabajo“.

Con este escenario, ¿qué se puede esperar en Costa Rica?

Aunque las autoridades económicas del gobierno han intentado enviar un mensaje de ecuanimidad  y no se han lazado a hacer proyecciones, en el sector privado hay pánico.

El propio jerarca de la Unión Costarricense de Cámaras y Asociaciones de la Empresa Privada (Uccaep) Álvaro Sáenz, clama por un vigoroso paquete de estímulos y ayudas al sector que impidan que en el país surja un “cementerio de empresas”, en el corto plazo.

Pero sus proyecciones no son nada alentadoras.

Este lunes -invitado al programa Enfoques- calculó que de primera entrada el desempleo podrá crecer desde el orden de los 300 mil en que se encuentra actualmente, a por lo menos 700 mil personas, tomando en cuenta de primera entrada los 200 mil empleos que genera el turismo que actualmente se encuentra totalmente cerrado y agregándole a ello segmentos encadenados como el de restaurantes, transporte y otros empleos indirectos que suman una cantidad similar.

Del 12,4% en que se encuentra el indicador actualmente, se puede llegar al 30% sin dificultad, aseveró.

“Del 12% con solo el turismo y otros ya se puede llegar al 20% y Costa Rica puede llegar al 30%… con 700 mil personas desempleadas y sin ingresos llegamos a un caos social y después de esta crisis de salud esto degenera en una crisis social  grande que puede degenerar también en una crisis política grande, y así caen dictadores, caen gobiernos, si no se maneja con cuidado”, afirmó el representante empresarial.

Eli Feinzaig, economista, compartió la preocupación y validó las proyecciones en materia de desempleo y aunque señaló que es difícil calcular las dimensiones de la crisis, sí afirmó enfáticamente que ésta será más fuerte de lo que la gente está imaginando.

La situación del país es de mayor incertidumbre por dos factores clave: por un lado están las condiciones económicas de cuidado que Costa Rica ya venía arrastrando antes del COVID-19 y por otro el costo que requerirá la atención de la emergencia y que sin duda implicará una afectación a las alicaídas finanzas estatales.

Previo al COVID-19 el país presentaba un desempleo histórico, con una informalidad laboral que alcanzaba a la mitad de las personas con ingresos, y con un déficit financiero y un nivel de endeudamiento rozando el techo de lo considerado como “límite”.

 

Con este antecedente, es fácilmente presumible que el nuevo endeudamiento que el país asuma para atender la crisis (de entrada $500 millones de parte de la Corporación Andina de Fomento), así como la flexibilización de las cargas sociales, de impuestos, y los subsidios que deba asumir,  vayan a hacer pasar un duro golpe a las ya debilitadas arcas del Estado.

Las medidas para proteger al sector privado son necesarias, como también lo son -y de manera prioritaria- los recursos para atender la propagación del virus y evitar nuevas muertes por su causa.

Lo inicial, a juicio de los primeros afectados, es evitar el desplome económico con medidas de salvaguarda. Así lo dijo Julio Castilla, presidente de la Cámara de Comercio.

Para Eli Feinzaig, las medidas tomadas son importantes pero solo permitirán mantener “la cabeza por encima del agua” durante la crisis. El problema vendrá a partir del segundo semestre del 2020, para cuando sea necesario haber retomado reformas más estructurales que el país ha venido aplazando.

Pero al mismo tiempo será inevitable tomar acciones en materia de reforma del Estado, que el país también ha venido posponiendo.

“Esto va para muy largo, a como va el panorama no se va a terminar después de Semana Santa como la gente esta pensando. Las secuelas económicas van a ser de largo plazo. Se están tomando medidas a la carrera y lamentablemente estamos pagando la desidia de los últimos diez años en que no hicimos ninguna de esas reformas que el país necesita”, puntualizó el economista.



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