Excesiva sensibilidad al entorno, cambios bruscos de ánimo… ¿Qué es el trastorno límite de la personalidad?


La autora estadounidense Susanna Kaysen rompió una lanza a favor de las personas aquejadas de trastorno límite de la personalidad en su libro Girl, Interrupted (Inocencia interrumpida). En estas memorias, publicadas en 1993 y llevadas al cine por James Mangold en 1999, Kaysen narraba su experiencia como paciente de un hospital psiquiátrico en la década de los sesenta, reflexionaba sobre la naturaleza de su enfermedad y sugería que la cordura es una mentira construida para ayudar a los ‘saludables’ a sentirse ‘normales’. «¿Alguna vez has confundido un sueño con la vida? ¿O has robado algo teniendo dinero? ¿Alguna vez has estado triste? ¿O creías que el tren se movía cuando estaba quieto? Quizás estaba loca, quizás eran los años 60. O quizás era mi inocencia interrumpida…”, escribiría la autora.

Pero, ¿qué es realmente el trastorno límite de la personalidad?

Abreviado como TLP y también conocido como borderline, limítrofe o fronterizo, el trastorno límite de la personalidad es definido por la Asociación Estadounidense de Psiquiatría como “un trastorno de la personalidad que se caracteriza primariamente por inestabilidad emocional, pensamiento extremadamente polarizado y dicotómico, impulsividad y relaciones interpersonales caóticas”.

Como también señala la National Alliance On Mental Illness, NAMI – la organización de salud mental más grande de Estados Unidos creada en 1979- esta dificultad en la regulación de las emociones provoca cambios acusados en el estado de ánimo, impulsividad e inestabilidad, problemas de autoimagen y relaciones interpersonales inestables. “Pueden darse intentos frenéticos para evitar situaciones de abandono real o imaginario. El resultado combinado de vivir con trastorno límite puede manifestarse en un comportamiento destructivo, como la autolesión (cortes) o los intentos de suicidio”.

En la actualidad se estima que el 1,6% de la población adulta tiene TLP aunque este porcentaje podría ascender hasta el 5,9%. De hecho, la Asociación Madrileña de Ayuda e Investigación del Trastorno Límite (AMAI-TLP) presentaba el pasado mes de octubre el primer estudio sociológico sobre esta patología, una primera aproximación para dar visibilidad a esta enfermedad a pesar de la complejidad de la tarea por la ausencia de datos oficiales.

Este trabajo refleja que la prevalencia del TLP oscila entre el 1 y el 2 por ciento de la población general, y se sitúa aproximadamente en un uno por ciento en adultos y hasta el 3 por ciento en adolescentes. Además, un 75 por ciento de los afectados son mujeres.

Por otro lado, se estima que solo entre 40 y el 60% de los afectados acude a los servicios sanitarios, de manera que la mitad “están desatendidos y no reciben atención médica”. El momento de máxima expresión clínica se sitúa al inicio de la vida adulta, a partir de los 19 años, aunque los especialistas subrayan que las primeras manifestaciones de este trastorno se encuentran en la adolescencia y pre-adolescencia, lo que pone de relieve la necesidad de iniciar una detección activa de posibles afectados en los centros escolares.

El estudio de AMAI-TLP también remarca que más del 90% de los pacientes que reciben tratamiento desarrollan un 50% de recuperación sostenida, una tendencia a la mejoría a lo largo del tiempo.

Aunque advierte que el riesgo de suicidio en estas personas es 400 veces el de la población general. Además, presenta grandes comorbilidades con otras patologías: un 93 por ciento con trastornos afectivos, un 53 por ciento trastornos alimentarios, un 64 por ciento trastorno por uso de sustancias y hasta un 88 por ciento, ansiedad.

Señales de alerta

¿Cuáles son los principales síntomas del trastorno límite de personalidad? Este trastorno mental se caracteriza por la agitación emocional que provoca y por como ésta afecta, a la vez, a la autoimagen, la manera en que te relacionas con los demás y en cómo te comportas. Los síntomas pueden incluir:

– Un miedo intenso de abandono, incluso llegar a medidas extremas para evitar una separación o un rechazo real o imaginario.

– Relaciones interpersonales inestables, como idealizar a una persona por un momento y luego creer que esa persona no muestra interés o es cruel.

– Autoimagen distorsionada e inestable, que afecta al estado de ánimo, valores, opiniones, metas y relaciones.

– Conductas impulsivas y de riesgo como olas de gasto, sexo no seguro, abuso de sustancias, conducción temeraria… o sabotaje del éxito (dejar una buena relación sentimental o un buen trabajo).

– Comportamiento suicida y automutilación (como cortarse o quemarse).

– Grandes cambios de humor. Períodos de intenso estado de ánimo depresivo, irritabilidad o ansiedad que pueden durar desde unas pocas horas a días.

– Sentimientos crónicos de aburrimiento o vacío.

– Ira intensa o incontrolable, a menudo seguida de vergüenza y culpa.

– Síntomas disociativos: desconectarse de los pensamientos o sentimiento de identidad, o tener sensación de estar «fuera del cuerpo», e ideación paranoide relacionada con el estrés. Los casos graves de estrés también pueden provocar episodios psicóticos breves.

¿Qué lo origina?

Según la NAMI, las causas del trastorno límite de la personalidad no se conocen completamente, pero los científicos coinciden en que es el resultado de una combinación de factores:

La genética. Si bien no se ha demostrado que ningún gen específico cause directamente este trastorno, los estudios sugieren que esta enfermedad tiene fuertes vínculos hereditarios. El trastorno límite es aproximadamente cinco veces más común entre las personas que tienen un familiar de primer grado con el trastorno.

Los factores ambientales. Las personas que experimentan acontecimientos traumáticos en su vida, tales como abuso físico o sexual durante la infancia o negligencia y separación de los padres, tienen mayor riesgo de desarrollar el trastorno.

La función del cerebro. La forma en la que funciona el cerebro es a menudo diferente en las personas con trastorno limite, lo que sugiere que existe una base neurológica para algunos de los síntomas. Específicamente, las porciones del cerebro que controlan las emociones y la toma de decisiones / juicio pueden no comunicarse bien entre sí.

¿Cuál es el tratamiento adecuado?

El TLP puede tratarse eficazmente a través de la psicoterapia. De hecho, la terapia dialéctica conductual fue creada específicamente para abordarlo y se centra en la enseñanza de habilidades de afrontamiento para combatir impulsos destructivos, regular las emociones y mejorar las relaciones mientras añaden validación. Se ha demostrado que la TDC es eficaz para reducir el comportamiento suicida, la hospitalización psiquiátrica, el abandono del tratamiento, el abuso de sustancias, la ira y las dificultades interpersonales.

La medicación, sin embargo, tiene un papel menor aunque en algunos casos puede mejorar los altibajos en el estado de ánimo y tratar la depresión u otros trastornos que se pueden presentar asociados.



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