«Familias, alumnado y profesorado nos enfrentamos a nuevos escenarios de aprendizaje»


Los tiempos han cambiado y los deberes de los niños también. Ahora, las tareas diarias se mandan y corrigen virtualmente, una labor que debe acomodarse a las diferentes situaciones de las familias y que obliga a los profesores a reinventarse y adaptar sus clases a las características de sus alumnos. Realizar los deberes en esta época puede no ser una tarea fácil y deben combinarse los esfuerzos de padres, alumnos y profesores.

Esta situación ha remarcado en la brecha tecnológica que existe entre las familias, lo que dificulta en algunos casos el intercambio de clases y tareas con aquellas que no disponen de ordenador o conexión a internet. A pesar de esto, docentes como Andrea Palacio, maestra en el CEIP Sancho Ramírez de Huesca, intentan adecuar el curso a la situación de cada una de las familias.

La maestra oscense explica que cada semana se envían al alumnado tareas variadas y motivadoras relacionadas con las distintas áreas de aprendizaje. El objetivo es claro: profundizar y reforzar los contenidos que ya se han trabajado en el aula. «Intentamos que las tareas no supongan una gran carga de trabajo, y que las pueda realizar de forma autónoma, ya que somos conscientes de que no todas las familias tienen los mismos recursos y la misma disponibilidad para ayudar a sus hijos e hijas», apunta Andrea Palacio.

Desde el colegio, no piden que se entreguen todos los deberes planteados y en algunos casos se envían hasta soluciones y explicaciones para que puedan realizaros solos los niños y niñas. «En cuanto a las tareas más interesantes, pedimos que nos manden sus resultados y los compartimos con el resto del grupo-clase. Lo cual está generando un gran aprendizaje cooperativo«, resalta Palacio.

Los maestros como Andrea Palacio recomiendan que los niños y niñas se tomen las tareas como una forma de refuerzo de lo que ya han aprendido en los trimestres anteriores, de forma que puedan relacionar y ampliar sus conocimientos. «Cada situación es diferente y lo más importante es el bienestar psicológico del alumnado. Lo están haciendo muy bien desde casa, y todo su esfuerzo va a tener su recompensa«, resalta Palacio.

La idea, entonces, es reforzar y repasar lo aprendido en clase, que los pequeños no se agobien con los deberes, si no que realicen todo lo que esté en su mano para afianzar los contenidos que han dado en lo que ha habido de curso. Y, sobre todo, que esto lo puedan hacer solos, sin la ayuda obligatoria de sus padres.

Esfuerzo extra para padres, alumnos y profesores

Para esta nueva situación, los docentes han establecido diversos cauces de comunicación con las familias, como son el correo electrónico, la aplicación de ordenador Google Classroom o, incluso, WhatsApp, según las posibilidades de cada alumno. «Familias, alumnado y profesorado nos enfrentamos a nuevos escenarios de aprendizaje» y para todas las partes está significando un esfuerzo extra para adaptarse a este nuevo escenario.

Muchos padres y madres coinciden en las dificultades para ayudar a sus hijos en algunos temas como el idioma. Maru Lecina ayuda a su hijo Mateo de 12 años cuando lo necesita, pero cuando se trata de inglés necesita ayuda de Internet o piden juntos explicaciones extra a su profesor.

Muchos padres, sin embargo, coinciden en el aumento de dedicación a las tareas de clase con sus hijos durante el Estado de Alarma. «A medida que pasan los años es más difícil ayudarles en inglés, sobre todo en la parte de fonética, es una aspecto clave en la enseñanza y dificulta y alarga las tareas en casa«, señala Sandra Pelegrin, madre de primaria.

Por eso, los docentes recomiendan que se otorgue libertad a los hijos para hacer los deberes y se recalque la idea de repasar y consolidar conocimientos, más que convertir las tareas en una carrera de fondo por terminarlos. «No se ha incrementado el trabajo del alumnado durante el confinamiento, pero quizás le suponga más esfuerzo el realizarlo en casa que en el colegio», opina Palacio.

Es importante, por tanto, tener una buena organización, mantener los canales abiertos con los profesores y dejar libertad a los niños para que repasen lo aprendido y no se abrumen con una carga de trabajo superior a lo recomendable. «Recalco que los niños aprovechen en familia todos estos días juntos, que miren el confinamiento desde la positividad y las posibilidades que nos ofrece», concluye Palacio.

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