«Gasté casi 9.000 euros en 7 billetes»


La crisis del coronavirus nos ha hecho cambiar perspectivas, planes y preferencias. Cuando se anunció el confinamiento todos nos cerramos en nuestros hogares esperando a que pase la tormenta, pero hay otras realidades. 

Los estudiantes internacionales, que vieron cómo todo se iba cerrando, recibían llamadas de sus padres preocupados a miles de kilómetros. Especialmente los jóvenes chinos, cuyo país fue el primero en sufrir la pandemia y en conocer bien la realidad de la enfermedad, vivían la situación con más cautela y vigilancia. Les reclamaban desde casa.

Dejar todo e intentar salir

Wanjing Zhang decidió salir en medio de la tormenta. Hizo la maleta, comunicó a la UAM que terminaría el curso en la facultad de Filosofía y Letras desde su país de origen, y se fue. Compró 7 billetes desde Madrid a China y solo pudo usar uno. “Compré el primero para irme en junio y se canceló. Eso me impactó un montón y sentí una incertidumbre muy grande, vi que iba a ser muy difícil irse así que compré más para irme cuanto antes”, comenta Wanjing en una conversación con 20minutos. De esos 7 billetes que tuvo en su poder para intentar asegurarse el viaje, dos no fueron usados y cuatro fueron cancelados. “Dos de los cancelados hacían escala en Moscú, pero cambió la política y Rusia no dejaba entrar a extranjeros en el país, así que los tuve que cancelar. Gasté casi 9.000 euros en los 7 billetes”, apunta.

Wanjing dice que podrá recuperar el dinero de las cancelaciones rusas, pero cree que no será así para todos los billetes. “La aerolínea holandesa KML Royal tiene una política por la cual si hay una cancelación no te devuelven el dinero, sino un cupón con el valor de tu billete para que lo canjees por otro servicio dentro de la empresa. Unos amigos consiguieron la devolución del dinero reclamando, pero yo creo que no tendré esa suerte”, explica.

Precios por las nubes

El vuelo que llevó a Wanjing de Madrid a Shanghai le costó casi 2.000 euros, un precio que hace un año sería considerado caro, pero que ahora es casi una ganga. Al inicio de este curso escolar el mismo vuelo se podía encontrar por entre 500 y 800 euros. Actualmente, volar de Madrid a Shenzhen (ciudad china de 12 millones de habitantes) en la última semana de junio cuesta entre 8.000 y 10.000 euros en una de las principales aerolíneas españolas. La demanda es muy alta y nadie tiene garantías de que los vuelos no acaben siendo cancelados, es por ello que muchos alumnos chinos recurren a situaciones desesperadas como Wanjing.

¿Qué pasa al llegar?

Illa y Simón entregan a Sánchez un informe con la "estrategia de transición" antes de la reunión con CCAA.

Cuando Wanjing aterriza en Shanghai sabe que a su odisea le falta mucho para terminar. «Al llegar a Shanghai, tuvimos que esperar a bajar del avión muy lentamente. Tardé como 2 horas en bajar. Luego tuvimos que hacer una prueba de nariz y garganta para ver si teníamos el virus. Después de la prueba, cogimos los equipajes y nos repartieron en hoteles».

Según Wanjing, antes el Gobierno chino permitía a los viajeros que entraban a China hacer los quince días de cuarentena en el domicilio. Ahora, con el aumento de casos a nivel mundial y el miedo a traer pacientes infectados, la cuarentena se hace obligatoriamente en un hotel.

Aislada en un hotel a 1.500 km de casa

«Yo aterricé en Shanghai así que me quedo en aislamiento aquí, aunque yo soy de Dongguan. El hotel lo pagamos los huéspedes, pero me parece que pasar por esta medida es imprescindible para frenar la pandemia», cuenta la viajera. El precio marcado por el hotel para los 15 días de cuarentena obligatoria es menor que el habitual, según Wanjing, así que la estancia calcula que le saldrá por aproximadamente 580 euros. No hay servicio de habitaciones porque nadie puede entrar en ellas excepto el huésped. Pueden pedir material y sábanas limpias, pero no hay equipo de limpieza.

«En el hotel no podemos salir y nos tenemos que medir la temperatura 2 veces al día»

«En el hotel no podemos salir y nos tenemos que medir la temperatura 2 veces al día. En algunos hoteles hay un menú fijo al día, en el mío podemos elegir pero no se puede pedir comida por internet, en algunos otros sí». Cuenta que está un poco aburrida, pero ya la queda poco. «Si quiero volver tengo que aguantarlo, ya estuve aislada en Madrid», comenta. Las familias pueden vivir en la misma habitación de hotel, pero ella voló sola y no puede tener contacto con nadie. Cuando supere la cuarentena se le dará un certificado de prueba que le permitirá circular libremente.

Congelación de los visados

Imagen del camarote en el que ha pasado encerrado los últimos 21 días.

Afortunadamente, la presión por irse se alivia con algunas medidas. Fuentes del departamento de Extranjería de la Policía Nacional han confirmado a 20minutos que se suspende el cómputo del plazo de los periodos de estancia (con o sin visado), de nacionales de terceros estados cuyo retorno no es posible a consecuencia de la emergencia sanitaria derivada del coronavirus. En este sentido, los días en los que esté vigente el estado de alarma no computan, y no restan del periodo autorizado de estancia.

La esperanza en España; el vuelo de la embajada

Wanjing reconoce que ha tenido suerte, sabe que hay muchos compatriotas suyos en España intentando volver. Ting y Haowen, alumnos chinos de Máster en Madrid, comentan a 20 Minutos que la embajada de su país es perfectamente consciente de la situación y está buscando soluciones. “Primero nos enviaron un cuestionario a todos los estudiantes chinos para saber cuantas personas queríamos volver, y cuántos estábamos en una situación complicada o grave”, explica Ting. 

La embajada organizó un vuelo, que despegó de Madrid el pasado 12 de abril, y llevaba 170 pasajeros seleccionados entre los alumnos que reportaron dificultades, según explicó el Encargado de Negocios de la embajada china en España, Yao Fei, en una entrevista en el diario oficialista chino The Paper. “Según nuestras estadísticas en España, hay alrededor de 16,000 estudiantes internacionales chinos. (…) El aislamiento ha causado problemas temporales de estrés mental o psicológico, e incluso ansiedad en los estudiantes”, comentaba.

El viaje, según Haowen, costaba por persona 3.000 euros en clase económica, y 6.000 en clase business. Haowen recibió el correo de la embajada comunicándole que podía presentar una solicitud para volar, pero se quedó en España. “No es tan sencillo, 3.000 euros no es un precio barato. También tengo que terminar trabajos de la universidad y aún no nos han aclarado los plazos”, lamentaba. Por su parte, Ting también considera el precio elevado: “No quiero que mis padres paguen tanto dinero, no me parece bien… es muy caro para muchas familias”.

Cuando Ting y Haowen vinieron a España a principios de curso, su vuelo costó aproximadamente 500 euros y podía llegar a los 800, con un descuento para estudiantes que solo se aplicaba desde China a España, no viceversa. 

Más oportunidades

La embajada china, que se comunica con sus ciudadanos a través de un canal en la popular red asiática WeChat, les anunció que intentará fletar más vuelos como el del 12 de abril para garantizar que los estudiantes que lo necesiten puedan volver. Así lo refirió también Yao Fei en la citada entrevista. Mientras tanto, la institución intenta salvaguardar la salud de los chinos en España enviándoles “bolsas de salud”, que contienen mascarillas, medicamentos y gel desinfectante.

La "bolsa de salud" que envían las autoridades chinas a sus ciudadanos en España. Contiene dos tipos de Mascarillas: mascarillas quirúrgicas y KN95, dos medicamentos y una toalla desinfectante.
La «bolsa de salud» que envían las autoridades chinas a sus ciudadanos en España. Contiene dos tipos de mascarillas: quirúrgicas y KN95, dos medicamentos y una toalla desinfectante.
Foto cedida por Ting para 20Minutos.

Una cuarentena es un tiempo difícil que todos deseamos pasar en el entorno más cómodo posible; cerca de familiares, en nuestra casa habitual o en contacto con amigos. Para los extranjeros, y especialmente los que son jóvenes, lograr eso es casi una utopía, una odisea que puede parecer no terminar nunca, y para algunos ni siquiera llegar a empezar. El coronavirus ha unido y ha separado, pero será temporal, un tiempo que cada uno intentamos sofocar con todas nuestras armas, y que no podemos olvidar que terminará.



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