La actual lucha sindical en Costa Rica, no apunta a corregir las causas de la injusticia ni de la pobreza


El movimiento de Liberación Nacional surgió a la vida política en defensa de la pureza del sufragio, comprometido con el fortalecimiento de la libertad y de la democracia. Abrazó la social democracia en su lucha por la igualdad, la justicia social y el combate a la pobreza. Asumió con responsabilidad la defensa de las clases menos favorecidas de la población atendiendo los llamados a unir fuerzas contra las difíciles condiciones que durante años experimentó la clase trabajadora, particularmente a inicios del siglo pasado, e hizo suya la defensa de los derechos que el país logro plasmar a través de un marco jurídico con la promulgación del Código de Trabajo y del capítulo de garantías sociales en la Constitución Política.

Gran parte de sus líderes históricos como Luis Alberto Monge, abrazaron el sindicalismo, como forma de organización y se unieron a sus luchas por mejorar las condiciones de vida de los trabajadores y por garantizarles el acceso a condiciones mínimas de trabajo. La ley de aguinaldo es un ejemplo. También propició el desarrollo de una Institucionalidad fuerte, capaz de abrir camino y llevar a todos los rincones del país progreso y bienestar, vías de acceso, electricidad, agua potable, salud y educación.

En el camino tal esfuerzo y su acompañamiento quedó de lado. Se perdió rumbo y propósito y mucha de esa Institucionalidad se volvió un fin en sí misma bajo el alero de una nueva visión sindical que dejó atrás los principios que le dieron origen para convertirse en aliados de una burocracia perdida en la defensa de más y más privilegios que hicieron imposible el cumplimiento de los fines Institucionales, y de una clase política que les dio oxígeno al compartir intereses electoreros de corto plazo.

El esfuerzo sindical transformó objetivos traicionando su esencia y encontró refugio de sobrevivencia en el discurso del “desmantelamiento del Estado” disfrazado de neoliberalismo. Un Estado perdido hoy en muchos casos en la atención de los grandes problemas nacionales, incapaz de ser instrumento de desarrollo, de promoción de la inversión y de mejoramiento de la competitividad, y que resulta en la mayoría de los casos, fallido en la atención de la pobreza y la desigualdad cuyos índices no han cambiado por años. La burocracia excesiva es hija espuria del socialismo que se apropió para sí de su herencia moral y ya ha enterrado la ilusión de muchos pueblos en el mundo y acabado con su economía, porque termina ahogando la iniciativa privada, la creatividad y la inversión generadora de empleo y de oportunidades.

La actual lucha sindical en Costa Rica, no apunta a corregir las causas de la injusticia ni de la pobreza. Y su condición de sindical no le otorga razón socialista como se pregona. Defender privilegios de unos pocos y defenderlos bloqueando a los demás, no solo es anti socialista sino antidemocrático, aquí y en cualquier parte del mundo, porque atenta contra los principios fundamentales de la convivencia y contra los más vulnerables de la sociedad, al extraer recursos del Estado que deberían dedicarse a su atención, al pago de beneficios de una clase en particular. Una clase que además tiene garantizado lo más elemental, su trabajo, del que muchos carecen hoy.

Este país tiene enormes retos por delante, los que deben enfrentarse con seriedad y decisión. El discurso populista y confrontativo de gente que sí evolucionó ideológicamente y que hoy se ampara a un sindicalismo “aliado”, no colabora a hacerlo, mucho menos el de aquellos que han estado sentados en una curul y que conocen de la responsabilidad de manejar con prudencia el lenguaje para evitar un enfrentamiento social que no conduce a la solución. Estoy convencido de que una enorme mayoría de los buenos compatriotas que ejercen función pública y que durante años han conformado esa enorme clase media que contribuyó tanto a la paz social están convencidos de lo que digo y dispuestos a aportar con responsabilidad a la construcción de un mejor país para sus hijos.

A propósito de la discusión del proyecto de regulación de huelgas, que votamos la semana pasada, esta tergiversación de propósito y mezcla de intereses debe denunciarse. Hacerlo es hoy mucho más importante y mucho más válido, para tener claridad de la importancia que tiene evitar que nos sigan manipulando con el discurso. Es en definitiva un reto para quienes por convicción seguimos abrazados al esfuerzo de atender los reclamos de las muchas personas que hoy la pasan mal, desde una perspectiva socialdemócrata moderna, pero crítica hacia un sistema que debe recuperar autoridad para defenderse de los excesos de unos en perjuicio de muchos. Una perspectiva socialdemócrata que pasa además por asumir con prontitud la necesaria reforma institucional que requiere este país para romper el círculo vicioso que nos impide avanzar.

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