la belleza de la naturaleza invade el museo Thyssen


Karl Blossfeldt. Aconitum, 1928 © Karl Blossfeldt
KARL BLOSSFELDT

Aunque su álbum Urformen der Kunst (Formas originarias del arte), publicado en 1928, se considera uno de los cien mejores fotolibros del pasado siglo XX, para la mayoría de los mortales el trabajo del alemán Karl Blossfeldt (1865-1932) ha pasado desapercibido durante varias décadas.

Venerado por artistas e intelectuales de distintas épocas como Max Ernst, Walter Benjamin, Joan Fontcuberta o Arno Rafael Minkkinen, el director creativo de Loewe, Jonathan Anderson, se rendía también a sus encantos y rescataba del olvido la belleza de sus fotografías hace tres años para acompañar el lanzamiento de la línea de perfumes Loewe 001.

Además de poner las obras de Blossfeldt al alcance del público, la firma de moda ha querido dar continuidad al proyecto devolviendo al artista a las salas de exposiciones y se ha aliado con el Museo Thyssen-Bornemisza para inaugurar su temporada con una muestra que reúne 40 imágenes que formaron parte de ese libro.

«Blossfeldt es un clásico pero un clásico extraño, imprevisible y un poco secreto. Ha tenido influencia en numerosos artistas y diseñadores pero no para el gran público», señala el director del museo, Guillermo Solana, sobre esta oportunidad única para descubrir las delicadas y hermosas fotografías de botánica de este autor alemán (abierta hasta el 5 octubre).

Blossfeldt, fotógrafo y escultor, dedicó toda su vida a inmortalizar plantas y flores a través de cámaras que él mismo diseñaba y que le permitían aumentar hasta 30 veces el tamaño de los objetos fotografiados. «Son fotos tratadas de una manera escultural para convertirse en arte. Por eso nos daba rabia que su obra siguiese siendo un secreto para muchos», añade Sergio de León, director de estrategia de Loewe.

Heredero de pioneros de la fotografía botánica como William Henry Fox Talbot y Anna Atkins, el trabajo del alemán supuso un paso muy importante, tanto conceptual como estético, dentro de este género. Curiosamente, y a pesar de haber dedicado toda su carrera a retratar la naturaleza, el éxito le llegaría al final de su vida.

Su afición por la botánica fue casi innata. «Se crió en el campo, le gustaba explorar y buscar plantas en lugares abandonados, también visitar los jardines botánicos», explica Solana. Sin embargo, su afición a la fotografía no respondió nunca a un interés artístico sino pedagógico, debido a su trabajo en la Escuela de Artes Aplicadas de Berlín. «Trabajar con plantas y salir con los alumnos en invierno era complicado así que tomaba fotografías para las clases. Empieza a utilizar de forma sistemática la fotografía en 1898 cuando crea unos talleres de modelado y dibujo a partir de plantas naturales. Durante más 30 años se dedicó a dar clases y todas las fotografías que hizo – en la actualidad se conservan unas 6.000- las hace para estos cursos. Él no quería entrar en el círculo fotográfico», explica a 20Minutos el comisario de la exposición Juan Naranjo.

Sin embargo, sus imágenes iban mucho más allá de la mera documentación. Basta contemplarlas detenidamente para reconocer el mimo de su composición, la iluminación y encuadres perfectos, su sugerente belleza y su capacidad natural para provocar emociones en el espectador. En 1926, seis años antes de su muerte, su carrera daría un giro inesperado. Conoce a un galerista que le organiza una exposición y, a través de él, al editor de Formas originarias del arte, libro con el que le llegaría la fama.

«Lo que le hace diferente a sus predecesores es que su pasión eran las plantas y la fotografía solo un instrumento. A pesar de ello, creó un lenguaje propio muy fuerte. Es tan potente que trasciende su época y conecta con la vanguardia y con el futuro. Impactó en su momento cuando era un señor mayor y todos los fotógrafos modernos eran jóvenes».

Por esta obra, Blossfeldt fue reconocido como uno de los fotógrafos más significativos de la Nueva Objetividad. «Su obra escapa a su tiempo, se hace atemporal, crea una estética peculiar, son imágenes sugerentes llenas de fuerza y de alguna manera crea un estilo. Solo si amas algo de una manera profunda y lo trabajas con tanto interés eres capaz de crear una obra así. Es un proyecto que realizó durante más de 30 años y que desarrolla un lenguaje que continúa siendo modernísimo. Más que la visión que pudiera tener él de su trabajo fue el entorno el que vio que se había anticipado varias décadas a lo que estaba pasando en aquel momento. Para Blossfeldt las plantas eran la obra de arte de la naturaleza por eso sus imágenes atrajeron a grupos muy diferentes como los surrealistas o los constructivistas que partían de premisas muy diferentes».

Karl Blossfeldt. Adiantum pedatum, 1928

Karl Blossfeldt. Adiantum pedatum, 1928 © Karl Blossfeldt



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