La tica indocumentada que lavó y planchó la ropa de Donald Trump e interactuó con él en club de golf


Sandra Díaz, de 46 años de edad, es una costarricense que se fue a Estados Unidos a buscar el famoso “sueño americano”, al igual que cientos de migrantes centroamericanos que todos los años se juegan la vida por querer llegar al que llaman: “el país de las grandes oportunidades”.​

Su historia y la de la guatemalteca Victoria Morales se dieron a conocer gracias a un reportaje que destacó el diario New York Times, en el que ambas migrantes, ahora legales, trabajaron en el club de golf de Donald Trump, en Bedminster, Nueva Jersey.

Las dos aseguraron que, entre el 2010 y 2013, mientras eran ilegales, les tocó atender la habitación del presidente de los Estados Unidos, desde acomodar su cama hasta lavar su ropa interior y planchar sus camisas.

La tica aseguró que Trump es extremadamente meticuloso en todo lo que hace, y recordó una vez que le pidió a ella que lo siguiera, “pasó sus dedos por los bordes de los marcos y en las paredes, hasta sobre la mesa para comprobar si había polvo”.

Luego le dijo: “Realmente hiciste un gran trabajo”, posterior a eso la tica aseguró que el mandatario le entregó un billete de 100 dólares.

Ambas migrantes relataron al New York Times que califican al presidente como muy serio, pero “de buen trato”, expresaron que, a pesar de ser estricto, nunca las trató mal o les hizo ver inferiores, incluso sabiendo que eran latinas.

Calificaron como de “irónico” que cuando Trump llegaba al club a pasar el rato, en las noticias salían las fuertes declaraciones que daba contra los migrantes y sobre el muro que quería construir.

La guatemalteca relató que se sintió herida con las palabras del presidente, en especial cuando comparó a los migrantes latinoamericanos con criminales violentos.

“Estamos cansadas del abuso, los insultos, la forma en la que habla sobre nosotros cuando él sabe que estamos aquí ayudándole a hacer dinero. Nos esforzamos para atender cada una de sus necesidades y tenemos que aguantar sus humillaciones”, dijo Morales al rotativo estadounidense.

Con respecto a su empleo en el club de golf, las dos mujeres aseguraron que, dentro del departamento de limpieza, mantenimiento y jardinería hay más trabajadores indocumentados.

Aunque no hay evidencia alguna de que la empresa de Trump estuviera al tanto de su estatus migratorio. Ellas aseguraron al medio digital que al menos dos supervisores del club sí sabían de su condición irregular.

Incluso tomaron medidas para ayudar a los trabajadores a no ser detectados y que pudieron conservar sus trabajos.

El New York Times consultó a The Trump Organization, y aseguraron que, “tienen decenas de miles de empleados en todas sus propiedades y que cuentan con prácticas de contratación muy estrictas”.

Agregaron que, si encontraban a un empleado que entregó documentos falsos, sería despedido de inmediato por violar las leyes.

Las compañías de Donald Trump, en especial sus clubes de golf y hoteles, tiene largos historiales de depender de los migrantes entre sus fuentes de empleo.

Los migrantes se encargan de dar mantenimiento a las áreas verdes, realizar labores de aseo de las residencias y suites, así como labores de vigilancia.

Estas trabajadoras aseguran que nunca sabrán si realmente Trump no sabía que eran ilegales cuando ellas lo atendieron, o simplemente decidió ignorarlo.



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