Miguel Delibes, vida y obra en la Biblioteca Nacional


El periodista, el hombre de campo, el padre de familia, el escritor, el dibujante. La exposición Delibes descubre aspectos significativos y no tan conocidos de la vida personal y profesional de Miguel Delibes Setién (Valladolid, 1920-2010), uno de los escritores más leídos y premiados de nuestro país.

Entre las más de 250 piezas procedentes de instituciones como la Fundación Miguel Delibes, la Real Academia Española, El Norte de Castilla, la Fundación Juan March o la propia Biblioteca Nacional, se encuentran los manuscritos de algunas de sus obras mayores: Cinco horas con Mario, Los santos inocentes, El camino y El hereje, así como primeras ediciones de sus libros, objetos personales, su relación con el cine y el teatro, fotografías o cartas que cruzó con otros escritores.

Hombre de familia

El arranque de la exposición –Un hombre de familiapresenta las figuras de sus padres, de su abuelo francés y el entorno de una familia numerosa –era el tercero de ocho hermanos– en su Valladolid natal. Un ambiente que repite junto a su mujer, Ángeles de Castro, con la que tiene siete hijos, y a los que seguirán nietos y biznietos.

Jesús Marchamalo, comisario de la exposición, comparte con 20minutos una anécdota que ilustra bien esa atmósfera hogareña: «Hubo un momento de su vida en el que escribía en casa mientras siete niños de distintas edades hacían deberes, jugaban entre ellos, discutían… Ángeles decidió que había llegado el momento de alquilarle un apartamento en un edificio cercano para que pudiera trabajar tranquilo. Sin embargo, el silencio casi opresivo no le dejaba trabajar a gusto, por lo que en unos meses volvió a casa para recuperar ese sonido de fondo, que era lo que le permitía escribir».

Su mejor mitad

Dos objetos de la muestra destacan especialmente sobre el resto: la máquina de escribir que le regaló Ángeles cuando Delibes ni siquiera se había planteado que iba a ser escritor y un gran retrato de ella que pintó Eduardo García de Benito y que su marido tituló Señora de rojo sobre fondo gris, nombre que dio a una de sus novelas.

Ángeles de Castro, cuenta Marchamalo, «es un personaje imprescindible en la vida de Delibes. Se refería a ella como la mejor mitad de sí mismo. Contraprestaba una mirada dulce a ese carácter a veces un poco hosco, un poco huraño, como él mismo decía. Era una mujer, cuentan sus hijos, muy luminosa, muy divertida. También fue la persona con la que Delibes empezó a leer a los clásicos. Él contaba que antes de conocer a Ángeles, con 19 años, había leído lo que leía un niño en aquella época: Salgari, Dumas, Walter Scott y muy poquito más. De la mano de Ángeles descubre a Stendhal, Chéjov y Dostoievski, entre otros, empieza a leer a los clásicos y a construir un mundo literario», añade.

El mundo rural

Gran defensor de la naturaleza y conocedor del mundo rural, su discurso de entrada en la Real Academia de la Lengua –el manuscrito también se exhibe– en 1975 es, según Marchamalo, el primer alegato ecologista que se oye en España. «Cuando empezaban a germinar las primeras asociaciones ecologistas, Miguel Delibes hace un discurso con el que denuncia este progreso desasosegante de la explotación irresponsable de los recursos naturales y muestra que tenemos que reconciliarnos con el medio ambiente, porque, de otro modo, estaremos abocados a la catástrofe. Un texto que es de absoluta actualidad».

Un amor por la naturaleza que el propio Delibes achacaba a su educación francesa. «Su abuelo paterno era de Toulouse, y vino a España como carpintero especialista en encofrados para construir un túnel cuando hicieron el tendido de ferrocarril entre Alar del Rey y Santander. De él, Delibes contaba que había heredado el gusto por el aire libre. Gran parte de su infancia y adolescencia las pasa montando en bicicleta, jugando al fútbol, nadando en los ríos… El escritor decía que había estado la mitad de su vida al aire libre y que si tuviera oportunidad de arreglarlo y de repetir, seguramente dedicaría a eso también la otra media».

La censura

El visitante podrá comprobar sus repetidos desencuentros con el régimen. En El príncipe destronado, por ejemplo, fue obligado a retirar una hoja de cada ejemplar de la edición, ya encuadernada, por esta frase: «¡Qué jodío chico! ¡No piensa más que en matar, parece un general!». Que sustituyó por: «¡Qué jodío chico! No piensa más que en matar, parece qué sé yo», teniendo que encolar a mano la nueva en cada volumen.

Un enfrentamiento que también afectó a su labor periodística. «Como director de El Norte de Castilla, intenta aprovechar cualquier resquicio para ganar ese territorio de libertad que entonces se negaba a los periódicos en toda España», cuenta Marchamalo. «Se enfrenta de tal manera al régimen que hay un momento en el que prácticamente viene todos los fines de semana a Madrid, a despachar a requerimiento de la Dirección General de Prensa, que le pide explicaciones no solo de las cosas que ha publicado, sino de las que se ha negado a publicar. Ese enfrentamiento le cuesta el cargo de director del periódico cuando Fraga Iribarne le obliga a renunciar».

*La exposición podrá visitarse en la BNE hasta el próximo 15 de noviembre. Posteriormente, se trasladará a la sala museo de La Pasión, en Valladolid, donde permanecerá hasta enero de 2021.



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