no eran un clan de ‘primera’… pero tampoco desconocidos


No conocemos el nombre completo de Pilato. Es sabido que César, como todos los romanos, tenía nombre triple: el personal, el apellido y un sobrenombre: Cayo Julio César. Cayo, de la familia Julia, llamado César. Cicerón era Marco Tulio Cicerón: Marco, vástago de los Tulios, apodado Cicerón. Pilato quizá se llamó Cayo, Marco, Quinto, o Tito, o Lucio, o Publio Poncio Pilato… Poncio (‘Pontius’) era el apellido familiar. El apodo personal, ‘Pilatus’, en latín, pudo sonar a piloso; o a firme como un pilar; o a conquistado (pillado en un pillaje). O quizás evocase el mortífero venablo de los legionarios de Roma, el ‘pilum’: ‘pilatus’, con lanza.

Los Poncio no eran un clan de primer orden, pero tampoco unos desconocidos. Su fama venía de muy antiguo. Paradójicamente, nació de unas largas guerras contra Roma. En efecto, las Horcas Caudinas, que generaron una frase hecha, son el desfiladero en que las legiones, cercadas e impotentes, sufrieron una punzante humillación en el año 321 a. C.: la de desfilar, desarmadas y sin su atuendo militar, por debajo de un yugo de carro, como bestias domadas. La encerrona fue un triunfo de Cayo Poncio, general de los correosos y hostiles samnitas, hijo de Herenio Poncio, su caudillo político. Otro Poncio estuvo en la conjura que acabó con la vida de César, en el año 44 a. C. Cierto que no pueden establecerse sus parentescos concretos con Pilato, pero el apellido tenía lustre.

Ecce Homo (1862) ("He aquí el hombre"), obra del pintor Antonio Ciseri que representa a Pilato presentando a Jesús ante el pueblo de Jerusalén.

En el llamado Evangelio de Nicodemo se cita a la esposa de Pilato, Prócula, como intercesora por Jesús. Y el evangelista Mateo, sin darle nombre, la menciona: «Mientras Pilato estaba en el tribunal, le mandó a decir su mujer: ‘No te metas con ese justo, porque hoy he sufrido mucho en sueños por su causa'». Para cuadrar los relatos, hay quien propone identificarla con una Claudia citada por Pablo en una de sus epístolas a Timoteo: “(…) Te saludan Eubulo, Pudente, Lino, Claudia y todos los hermanos”. Más o menos real, esta Claudia Prócula ha llegado hasta hoy con mejor fama que su marido.



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