qué es, cómo identificarlo y cómo mantenerlo a raya


¿Tiene la sensación de que nunca está a la altura? ¿De no ser lo suficientemente competente en su trabajo o capaz en sus estudios a pesar de los buenos resultados? No se inquiete, usted no es un bicho raro, quizás solo necesita que le hablemos del ‘síndrome del impostor’.

El concepto, acuñado por primera vez en 1978 por las psicólogas Pauline Clance y Suzanne Imes, hace referencia a un fenómeno psicológico (no se le considera un trastorno mental) que afecta a aquellas personas que son incapaces de internalizar sus logros y sufren un miedo constante a que se descubra que son un fraude.

Da igual que posean una carrera profesional de éxito, logros académicos que alcanzan la matrícula de honor o que reciban elogios por todas partes, si alguien tiene el ‘síndrome de impostor’ seguirá pensando que todo se debe a golpes de buena suerte o factores externos, que además no merece ser tan valorado y que es una persona deshonesta. Por cierto, no está solo en el mundo, los estudios realizados aseguran que siete de cada diez personas lo han sufrido alguna vez en su vida.

¿Cuáles son sus posibles causas?

Los expertos hablan de cinco motivos principales en el origen del ‘síndrome del impostor’:

Experiencias familiares: personas que han sufrido críticas a lo largo de su infancia o juventud, presión para sacar buenas notas, comparaciones constantes con otros hermanos, hijos de padres muy exitosos o cuyo entorno más próximo (padres, profesores, hermanos mayores, abuelos… ) desmerecieron de forma constante sus aptitudes. También puede presentarse en personas que sacaban malas notas pero posteriormente han conseguido el éxito profesional.

Estereotipos sexuales: un informe encargado por Acess Commercial Finance en Reino Unido indicó que los hombres tenían un 18% menos de posibilidad de sufrirlo. Las presiones sociales, el mensaje de lo que debe ser una mujer realizada, el peso de ser madre y tener éxito profesional a la vez son estigmas que provocan su aparición. Por otro lado, los jóvenes también son más propensos a sufrirlo. En el mismo estudio, el 86% de los jóvenes de 18 a 34 años de edad admitieron haber sentido que no merecían su puesto de trabajo.

Las diferencias salariales: la realidad de la mujer en el mundo laboral es también una de las causas de esta patología.

El nivel de exigencia: las personas que sufren el ‘síndrome del impostor’ suelen tener un nivel de exigencia muy alto y marcarse objetivos casi imposibles. De hecho, suele manifestarse más en personas con alto rendimiento.

Forma de percibir la realidad: personas que creen que todo lo que les ocurre (sea bueno o malo) depende de factores externos y no méritos propios: los favoritismos, la buena o la mala suerte, la casualidad, tener de lado a ciertas personas…

¿Soy un impostor?

Estos son algunos de síntomas que pueden hacernos sospechar que estamos pasando el ‘síndrome del impostor’:

  • Creencia de que los logros o éxitos no son merecidos; considerar que se deben a la suerte, al azar o a que otras personas le han ayudado a conseguirlos.

  • Falta de confianza en las propias competencias que le han llevado a conseguir sus éxitos.
  • Miedo a que los demás descubran su fraude.

  • Inseguridad en el ámbito académico, laboral, e incluso en las relaciones sociales.

  • Expectativas de fracaso ante situaciones similares a las que previamente han superado con éxito.

  • Reducción de la motivación de logro asociada a la falta de confianza en sí mismo.
  • Sucumbir a emociones negativas sin motivo aparente: ansiedad, tristeza, desesperanza…

¿Es posible aprender a gestionarlo?

Adolescente sentado en la hierba.

Los especialistas recomiendan algunas tácticas que pueden ayudar reconducirse a quienes sufren el ‘síndrome de impostor’. Una de ellas sería la de aprender a realizar valoraciones adecuadas de la realidad y, en concreto, de los propios éxitos y fracasos. Un método sencillo podría consistir en anotar cada éxito o fracaso e indicar si se cree que depende de uno mismo, de un factor externo, si se ha producido de forma ocasional o podría volver a darse en otras circunstancias, reflexionando luego sobre lo que se ha contestado y contrastándolo, si es posible, con lo que piensan sobre ello otras personas del entorno. Otra buena estrategia pude ser la de anotar cuales son los puntos débiles y fuertes tanto a nivel laboral como personal y platearse una estrategia para mejorar los que flojean. Por supuesto, el apoyo de un psicólogo y/o un coach puede ayudar a mejorar la autoestima y potenciar las aptitudes y habilidades.



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