que participen en la organización de las rutinas les ayuda a entenderlas y comprometerse con ellas


Mucho se ha hablado y se seguirá hablando estos días de confinamiento familiar de la gran importancia de establecer rutinas, sobre todo con los más pequeños de la casa, para conseguir manejar y llevar mejor la situación. Pero, ¿cuáles son las razones por las que los especialistas las consideran tan beneficiosas para los niños?.

 «Tiene que ver con dos cosas. Por un lado, aportan seguridad porque, de alguna manera, convierten las cosas en algo más predecible en una circunstancia donde impera la incertidumbre; y, por otro, reducen los conflictos familiares y las luchas de poder, sobre todo si los niños han estado involucrados en este proceso de elaboración de las rutinas», señala la psicóloga Paula Gutiérrez, especialista en temas relacionados con niños y adolescentes e integrante del equipo de Psycast -proyecto online de podcast, vídeos y otros recursos relacionados con temas psicológicos liderado por Carolina Marín-.

En su guía Coronavirus para menores, editada en colaboración con la Fundación Querer con el objetivo de dar apoyo a las familias durante la cuarentena, los psicólogos aportan una serie de pautas a la hora de poner en práctica estas rutinas:

Establecer rutinas que contemplen ocio, trabajo y familia. Según indican: “Incluir tiempos de trabajo, de ayuda en las tareas de nuestros hijos o tiempo de juego con ellos, nos hará la tarea de conciliar más sencilla; favorecerá nuestra capacidad de estar más presentes en lo que estemos haciendo y reducirá los sentimientos de culpa”.

Intentar ser realista en los horarios y las prioridades. «Es un buen momento para todos, menores y adultos, de trabajarnos la autoexigencia, el perfeccionismo y la inmediatez».

– Si los niños necesitan realizar una tarea sin llegar al ’10’, es el momento de ayudarles a interiorizar la flexibilidad y lo importante de aceptar la validez de otras notas. Al respecto, la psicóloga añade: “La búsqueda de perfeccionismo ya es señal de alarma en situaciones normales y más aún en periodos del desarrollo como son la niñez o la adolescencia, donde se ha visto que están en la génesis de trastornos de ansiedad o emocionales. Por ello, en circunstancias de confinamiento donde tenemos niveles más altos de estrés en las familias, tenemos que levantar un poco el pie del acelerador y fomentar más la flexibilidad con nosotros mismos, con nuestros errores y darnos el permiso de equivocarnos”.

Darnos tiempo para poder realizar esa rutina. Para ello tendremos que entender y aceptar los tiempos de cada uno. “Sobre todo con los menores, teniendo en cuenta su nivel de desarrollo y emociones que sienten, que en algunos casos, les podrían bloquear y/o ralentizar”.

– Introducir en las rutinas las normas de higiene y de convivencia.

Implicar a los menores de la casa

La psicóloga Ana Asensio

Para los especialistas de Psycat y Fundación Querer tan importante es llevar a cabo esta rutina como hacer partícipes a los niños y adolescentes de su elaboración, ya que de esta manera les ayudará a entenderla y a comprometerse con ella. ¿De qué manera tenemos que animarles a que participen?. “Dependerá del nivel de desarrollo y de la edad de los menores”, indica Gutiérrez. 

«En el caso de los más pequeños lo haremos de una manera más lúdica, creativa y gráfica como, por ejemplo, con dibujos o fotos de ellos mismos realizando las actividades con las que haremos una tabla de rutinas, a la que pueden acudir para saber qué toca en cada momento, que va antes y qué va después. Hay que trabajar las lluvias de ideas: tratar de generar con ellos alternativas, de buscar soluciones a las situaciones que se planteen para que vayan proponiendo ellos mismos alternativas.

«En el caso de los más pequeños lo haremos de una manera más lúdica, creativa y gráfica»

 En el caso de los adolescentes hay que darles más autonomía y capacidad de decisión pero, en todo caso, con cualquier nivel de edad tenemos que pensar y decidir que cosas son imprescindibles en estas rutinas para dentro de esos márgenes darles un poco de libertad de movimiento».

Estos serían algunos puntos claves de esta planificación conjunta entre mayores y pequeños:

– Ser partícipes de la planificación les dará la sensación de pertenencia, de responsabilidad y calmará sus incertidumbres sobre qué pasará hoy o mañana.

Visibilidad de la rutina. Si tienen edad para ello, pueden hacer dibujos que tengan que ver con las actividades. Es importante que las rutinas de todos estén visibles y que pueda acceder a esta información y saber cuándo están pautados los espacios para cada cosa.

Planificar las normas concretas de la situación (quedarse en casa y seguir las pautas de higiene) e incidir en la necesidad de cumplirlas les aportará sensación de que pueden hacer algo para combatir
el coronavirus y aumentará su sensación de pertenencia al grupo.

Valorar su esfuerzo, hacerles llegar lo orgullosos que estamos de ellos por estar participando de la manera en que lo están haciendo.

– Recordar al menor que es una situación temporal aumentará su tolerancia al malestar y su paciencia.

– Explicarles que los adultos también tienen necesidades y obligaciones que cumplir y que habrá que buscar soluciones a las dificultades que se vayan planteando.

Y de vez en cuando, romper con la rutina

Sin embargo, la psicóloga también incide en la importancia de romper con las rutinas de vez en cuando durante los largos días de confinamiento: “Hay que combinar este cumplimiento de rutinas con la flexibilidad, que habrá que aplicar atendiendo a las señales emocionales y comportamiento de nuestros hijos”, señala. “Cuando les veamos más agitados o angustiados es el momento de hacer un cambio, de romper y ser capaces de aportar un ambiente de diversión y de tranquilidad a través de otras actividades no contempladas. Si los adultos somos modelos de flexibilidad los niños y adolescentes van a saber incorporarla a su repertorio”.

La experta resalta, además, la enorme capacidad de adaptación que han demostrado los más pequeños durante esta crisis: “Generaciones generalmente muy estimuladas, con la agenda repleta de actividades y de contactos sociales que, de repente, han podido constatar que pueden obtener ciertas dosis de satisfacción y de bienestar estando en casa y con vidas muy sencillas. Han tenido que poner el freno, trabajar la paciencia y su tolerancia a la frustración por no poder hacer lo que quieren hacer en cada momento y han experimentado el participar en algo que les transciende y que tiene que ver con la salud de la población mundial”.



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