un monólogo de humor venido arriba


Enrique Piñeyro, ante los Teatros del Canal, en Madrid.
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Dice que puede no hacer nada y aburrirse «con una facilidad increíble», pero que «siempre hay algo interesante para hacer». Quizá por eso, además de actor y monologuista, el argentino Enrique Piñeyro ha sido médico, comandante de línea aérea, productor, director de cine y de teatro y cocinero.

Pero sin duda los que más le hicieron pensar y dieron juego para el humor fueron los años que pasó pilotando, en los que sufrió «siete emergencias grandes en dos años, eso te habla de lo que era la compañía en la que volaba», manifiesta.

En el espectáculo Volar es humano, aterrizar es divino (desde este viernes y hasta el domingo en la Sala Roja de los Teatros del Canal), vuelca todas sus experiencias en el aire y la forma de hacer las cosas en aviación y las cruza con cómo se hacen las cosas a ras de suelo.

Volar es humano, aterrizar es divino «tiene mucho de cine, pero por otro lado tiene un simulador de vuelo, una cabina de avión a tamaño real, como si hubiéramos serrado la nariz de un avión», explica Piñeyro sobre la escenografía de su espectáculo, que comienza reproduciendo «un accidente de Avianca en el año 90 en Nueva York, cuando se quedaron sin combustible».

Desde ahí y siempre en clave cómica y crítica «se muestra cómo y por qué se fue aprendiendo de los accidentes y por qué esos accidentes ya no pasan más. Y cómo acabamos aprendiendo que no hace falta que lleguen los accidentes, que apenas la operación normal se desvía un poquito de la media ya sabemos que tenemos algo que investigar».

Pero, si en aviación se ha aprendido, ¿por qué esa sistematización perfecta no se aplica al día a día más común? «Contrariamente, en nuestra vida en superficie, por ejemplo en un tramo de la autovía, la única prevención es poner un cartel que pone ‘Zona de concentración de accidentes’ o ‘curva muy peligrosa’ y sólo queda cruzar los dedos para no pegártela».

Así, «cuando uno compara la forma de actuar en aviación con las cosas que hacemos en superficie obviamente muchas cosas se vuelven ridículas y con ellas se hace un espectáculo gracioso, porque todo lo que hacemos bajo esa óptica es bastante risible», dice el actor.

Y es que «el humor es la herramienta de denuncia más potente», porque «entras por otro lado, no estás interpelando desde un podio, le estás hablando a alguien de igual a igual, le estás mostrando lo mal que está un asunto. Y así la persona que lo recibe está mucho más receptiva. El humor es la mejor herramienta para todo, para resolver cualquier conflicto», asevera el Enrique Piñeyro.

Para este empresario inquieto el teatro y la actuación tienen el incentivo de que «una vez que aterrizas ese fue el aterrizaje, no se puede repetir. Esa presencia del público en directo genera una especie de electricidad. El público reacciona como si fuera una persona y esa persona cada día cambia, nunca es igual. Es como el cielo cuando sales a volar, nunca es igual», explica sobre sus sensaciones encima del escenario, al que sale «genéticamente motivado» y con uno o dos cafés en el cuerpo.

Otra de las enseñanzas vitales de la aviación que Piñeiro ha aprendido es que «ya no te enfadas más con la gente que cometes errores«, porque «si gritas a alguien porque se ha equivocado actúas como si tu nunca te equivocaras y todos sabemos que no es verdad.



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