una herramienta para la capacitación femenina en Marruecos e India


Lo que comenzó en San Sebastián como un proyecto universitario para crear una marca de complementos, es hoy una empresa textil con un sólido proyecto social detrás que empodera a mujeres en riesgo de exclusión.

Zocco arrancó hace cinco años como una asociación cuando June y María lo pusieron en marcha mientras estudiaban la carrera. «Comenzó casi sin querer, con la idea de aventurarnos en algo nuevo durante la universidad. Fue una de esas cosas que surge de casualidad pero termina haciéndose imprescindible». Desde el inicio se dieron cuenta de que Zocco podía servir como plataforma para facilitar el desarrollo de las trabajadoras que confeccionaban sus productos y no tardaron mucho en poner en marcha el primer centro comunitario en el que además de trabajo, ofrecen formación a mujeres que no han tenido la posibilidad de ir a la escuela o que nunca han tenido acceso al trabajo más allá del ámbito doméstico. Actualmente el equipo de Zocco está formado por cuatro personas en España, ocho en Marruecos y doce en India.

Primer destino: Marruecos

En 2017 lanzaron el proyecto en forma de empresa. «En un principio comenzamos solamente con la idea de crear complementos en Marruecos. Pero después de nuestro primer viaje hace cinco años nos dimos cuenta de cuál era la situación de la mujer allí y entonces nos planteamos apoyarlas desarrollando el proyecto social detrás de la marca», cuenta June a 20minutos. De esta forma, pronto establecieron su primer centro comunitario en Ait Hamza, un pequeño pueblo en las montañas del Medio Atlas. «Allí, actualmente, trabajan con nosotras ocho mujeres de entre 45 y 55 años», explica June. Con ellas cocrean los patrones y dibujos a partir de técnicas y diseños propios de la cultura y tradición de Marruecos y posteriormente los confeccionan con lana de oveja y tintes naturales que previamente han sido tratados en la asociación ANOU en Rabat.

«En el taller una de de ellas, Kenza Oulaghda, ejerce como guía que supervisa el trabajo y organiza los talleres de formación para su capacitación» explica. «No solo buscamos emplear a mujeres, sino también ofrecerles una educación básica -muchas no han tenido la oportunidad de ir al colegio-, así como enseñarles a vender, distintos idiomas (inglés y francés)», nos aclara. «Pero siempre tratamos de entender cuáles son sus intereses y, sea lo que sea que estén aprendiendo, intentamos adaptarnos a sus necesidades y no a lo que nosotras creemos que necesitan. Por ejemplo, algunas nos pidieron que les enseñáramos a mezclar tintes y así lo hicimos», puntualiza la fundadora de Zocco.

Siguiente parada: India

Kondavha, en la ciudad de Pune, fue su siguiente destino. Allí, doce mujeres de entre 25 y 50 años de la asociación Quilt Culturetrabajan en su taller y reciben formación. Los productos que en él fabrican se basan en dos técnicas tradicionales indias: el block printing y el quilting, llamado «Godhadi» en Marathi; son cocreados conjuntamente y muchos están confeccionados a partir de saris. En India, a diferencia de Marruecos, las mujeres no sabían coser. «Comenzamos con unos talleres muy sencillos para que cogieran confianza e interactuaran entre ellas y después ya tuvimos que empezar la formación sobre patronaje, diseño y costura desde el inicio porque no sabían nada. Por eso el proceso en India ha sido más largo y los diseños son mucho más sencillos, pero actualmente se puede decir que se les da muy bien», continúa June. 

Otra de las dificultades que encontraron allí fue la negativa de algunos maridos a dejar a sus mujeres ir a trabajar. «En alguna ocasión hemos tenido que ir hablar con ellos para que les dieran permiso. Y hasta ese momento su mujer no salía de casa nada más que para hacer la compra. Por eso, de alguna forma, en India estamos trabajando más el empoderamiento, ese crecimiento interno de hacerse valer a sí misma«, nos cuenta.

Próximo objetivo: más allá de la costura

Las mujeres que trabajan en los centros comunitarios de Zocco no fueron a la escuela y sus posibilidades de optar a un empleo han sido nulas. «La revolución comienza desde la enseñanza y desde el saber. Por lo tanto, cuando les das esa oportunidad, es cuando la ruleta comienza a cambiar. De hecho, actualmente ya hay muchas niñas que van al colegio y muchas mujeres jóvenes trabajan en las ciudades, y supongo que poco a poco ese cambio se notará en las generaciones futuras», cuenta June. El problema es que los empleos siguen estando muy clasificados por género, por lo que si tienen la suerte de trabajar, lo hacen en limpieza o en costura. «Así que nuestro siguiente objetivo es facilitar posibilidades más allá de la costura».

Mujeres trabajando en uno de los centros de Zocco.
ZOCCO

A través de la capacitación, el empoderamiento se manifiesta en esferas no solo profesionales. «Si das fuerza a diez mujeres en una comunidad, se van a encargar de que el sistema comunitario cambie«, continúa June, para quien la generosidad sin reservas que las trabajadoras muestran ha sido un ejemplo sin precedentes. «Cuando fuimos a entregar los primeros sueldos, algunas nos dijeron que parte se lo darían a gente que lo necesitaba. Nos sorprendía cómo alguien que prácticamente no tiene nada se lo quiera donar a alguien que todavía tiene menos. Ellas no solamente apoyan a sus propias familias, sino que también empatizan mucho con la comunidad y siempre están pensando de qué forma pueden contribuir», explica. 

Por otra parte, llevar dinero a casa hace que sean más valoradas en el ámbito familiar. «Porque si el hombre es el único que lleva el dinero a casa, parece que solo él puede tomar las decisiones. En el momento en el que la mujer se siente suficientemente independiente como para decir ‘sin ti también puedo vivir’, las tornas cambian», explica June. Y una vez que tienen más voz dentro del hogar, de alguna forma afectan positivamente al entorno en el que viven. «Por ejemplo, el hecho de recoger a todas en un mismo espacio -los centros comunitarios-, hace que compartan algo que hasta entonces no han tenido: convivencia femenina fuera del ámbito del hogar; que vean que existen realidades distintas y que entiendan que porque su situación sea esa, no es la única que puede existir».

Un sueño: la humanización de la industria textil

Cada producto de Zocco viene acompañado por la historia de la persona que lo ha confeccionado y a través de la página web (www.zoccohandmade.com) es posible ponerse en contacto con ella. «En un futuro nos gustaría crear una aplicación con la que los compradores y los productores se pudieran comunicar directamente. Es una forma de humanizar los productos que llevamos. De esta forma, cuando adquieres una prenda eres consciente de que alguien ha invertido su tiempo y su cariño en ella. Es una manera de romper las barreras culturales y eliminar estigmas sociales de aquellos países y acercar un poco ambos mundos», cuenta June. 

Desde Zocco trabajan también por salvaguardar la tradición y el diseño de ambas culturas y fomentar la artesanía como un antídoto contra la producción en masa. «Queremos concienciar a las personas de que por mucho que demonicemos a las grandes empresas, somos nosotros con nuestro consumo quienes podemos cambiar las cosas. Si les pedimos que nos cuenten quién ha confeccionado nuestra ropa, se verán obligadas a llevar a cabo buenas prácticas», concluye June.

Uno de los complementos de la firma Zocco,
Uno de los complementos de la firma Zocco,
ZOCCO



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